Promesa. Urge el adecentamiento de una carrera prostituida por los nexos familiares y políticos. La promesa de un cambio en la diplomacia es otra de las mentiras que tanto se ha repicado y no se ha cumplido.
Justicia. Cada cinco años se repiten los reclamos de los profesionales de la diplomacia. Es hora de que estos puestos, anhelados por la riqueza y los contactos que generan, sean sometidos a un transparente concurso.