Seriedad. Cuando dirigentes políticos con aspiraciones presidenciales convocan a diálogos en nombre de la democracia hay que ser cautelosos. No se puede pedir diálogo y fomentar los conflictos al mismo tiempo.
Sociedad. Las organizaciones que conforman la sociedad civil junto a los representantes de las iglesias del país deberían asumir el papel de mediadores. Con la democracia no se puede jugar y es irresponsable aprovecharse de la crisis para ganar protagonismo y satisfacer intereses personales.