Seguridad. La intención de algunos arquitectos, en asocio con autoridades, de cambiar normas de seguridad en el equipamiento de edificios altos para abaratar los costos, nos parece sumamente delicada.
Ética. Se trata de un dilema ético y profesional. La vida humana es un bien supremo, cuya protección merece la tutela adecuada por parte de las autoridades del Estado. No puede arriesgarse la vida so pretexto de economizar dinero.
Peligro. En caso de darse una conflagración, seguramente tendríamos que lamentar la pérdida de vidas humanas. Tal parece que algunos no aprendieron nada, después de la triste experiencia del bus 8B-06.