Padres. Si se hubiera buscado, no habría podido encontrarse una mejor manera de celebrar el Día del Padre. Ayer, Panamá entera apoyó a la selección y les demostramos a los salvadoreños y al resto de Centroamérica que desde hace rato, dejamos de ser sus hijos futbolísticos y los hemos superado.
Orgullo. Aún con las tensiones previas a cualquier partido eliminatorio, la fanaticada panameña se comportó a la altura y logró que el templo del béisbol, fuera durante 90 minutos un hervidero del fútbol.
Concentración. Los muchachos de la "Sele", el "Equipo de todos", ahora requerirán de un máximo de concentración y disciplina, de cara al partido de vuelta dentro de ocho días en el siempre difícil Cuscatlán. ¡Ánimo!