Pronóstico. El país vive una encrucijada vital: o tomamos el camino de ascenso, del éxito económico y social pleno, o nos contentamos con los fuegos de artificio temporales para, después, sufrir el desastre social.
Decisión. A nadie se le ocurre que los dirigentes y la comunidad bajo su influjo vayamos a tomar el camino en retroceso. La apuesta no es otra que el crecimiento y la vida digna de todos los panameños.
Trabajo. Pero a esta meta no se llegará gratis, sin esfuerzo. Se requiere participación, empuje; una revolución intelectual y cultural. Siempre, es en la educación donde están todas las respuestas.