Patria. El país que podemos ser está todavía lejos. Egoísmos personales, gremiales y de partido impiden el despegue. Aun así, nos queda la esperanza que, por más que algunos intentan quebrarla, sigue intacta.
Gobierno. Si añadimos la ineptitud de algunos, la travesía se hace más difícil. No hay nada peor que la mezquindad y la torpeza juntas a la hora de decidir. El resultado es fatal.
Crecimiento. Panamá requiere de sus mejores hombres y mujeres para que, a 105 años del zarpe, la nave de la Patria al fin tome el rumbo adecuado. Con una ciudad trancada no lo lograremos.