Inseguridad. Los malandrines ya no respetan ni siquiera la casa de Dios cuando de violar sus mandamientos se trata. A las puertas del Arzobispado, segaron la vida de un guardia de seguridad para robarle su revólver.
Indefensión. La sensación de inseguridad se acrecienta cada día, y la ciudad va perdiendo áreas en las que la Policía no patrulla, a pesar de que en ellas operan reconocidas bandas de delincuentes y malhechores.
Fracaso. Las promesas de más seguridad y cero corrupción desde hace rato cayeron en saco roto. Un ex precandidato presidencial del partido gobernante, se hace eco para ratificar el fracaso en esas materias.