Dos jóvenes norteamericanos, Rian Wagner y Daniel Koengeter, a quienes su espíritu aventurero los lleva a realizar la hazaña de sus vidas, pasaron hace algunos días por Panamá donde informaron que durante un año todo recorren el continente americano.
Spaguettis enlatados, arroz y frijoles, es el menú que les acompaña en su larga travesía. Se suman a la lista una pequeña carpa, tres "blue jeans" y cuatro T-shirts. Bueno, el equipaje debe ser liviano ya que el viaje será bastante largo.
Armados con lo que consideran necesario, se despidieron de sus familiares el pasado 2 de septiembre en su estado natal de Michigan. Con esa despedida estos grandes amigos de 23 años de edad comenzaron a hacer realidad el sueño de conquistar el continente americano.
Tomaron las viejas motocicletas que aunque aparentan no estar maltratadas, fueron fabricadas en 1988. "Era lo que se podía comprar, pues por 750 dólares qué más podíamos esperar", explica Rian en un comprensible español.
En realidad, los trotamundos acababan de finalizar "high school" y contaban con 7 mil dólares que habían ahorrado de las jornadas laborales de verano.
Lo que buscan de este largo trayecto es conocer de manera directa la cultura de otros pueblos, sus tradiciones, así como sus costumbres y gustos por la comida.
El padre de Rian recorrió en 1935 el continente europeo y africano en motocicleta; siempre se ha sentido orgulloso de lo que hizo y su historia ha servido de inspiración a su hijo para hacer algo similar.
Al tercer día de recorrido los dos jóvenes llegaron a Nueva Orleans, donde un cura les brindó posada en una iglesia. La noche anterior encontraron albergue con unos bomberos de un pequeño pueblo y en un día de mala suerte, les sirvió de recámara un peligroso bosque. Bueno, ellos de antemano sabían que la noche no sería su mejor aliada y que durante su viaje no tendrían habitación fija y menos comodidades.
Austin, en Texas fue el próximo destino, así como Nuevo Laredo, en México, país en el que conocieron además Monterrey, Veracruz y Guanajuato. Era la primera vez que salían de los Estados Unidos.
En Guatemala vivieron una impresionante historia junto a voluntarias del Cuerpo de Paz, formaron parte de la vida cotidiana de los aborígenes de la tribu quechica.
En Nicaragua les tocó admirar muy de cerca la fuerte actividad del volcán San Cristóbal.
Los viajeros pasaron Navidad en Nicaragua y Año Nuevo en San Juan, al sur, cerca de la frontera con Costa Rica. En la playa recibieron la llegada del año 2000 en compañía de dos grandes gallinas asadas que con suerte se encontraron en el camino y ron fuerte de caña que le brindaron campesinos de la región.
En Costa Rica se inclinaron por visitar sus famosos bosques y entre las playas que conocieron les llamó poderosamente atención Manuel Antonio.
Obviamente, el próximo destino sería Panamá. Pasaron la frontera y una vez en David, Chiriquí, la oscuridad de la noche los obliga a buscar refugio. No les quedó más remedio que abrir la pequeña carpa en la parte trasera de una gasolinera donde sus dependientes no les negaron la oportunidad de resguardarse de la torrencial lluvia.
La primera impresión fue la de que en Panamá la gente es amable y atenta, capaz de ofrecer ayuda aunque se trate de forasteros. La noche se hizo larga y entre el ruido de la lluvia y un enorme y viejo compresor de la gasolinera se hizo imposible dormir tranquilamente.
Al amanecer seguía lloviendo y por ello prefirieron seguir su ruta por Veraguas, donde según nos dicen, vieron bellos paisajes.
Fue así como nuestros entrevistados llegaron a ciudad de Panamá. No se imaginaban que fuese tan bonita y moderna, una de las más modernas de centroamérica, dicen ellos.
Aquí visitaron algunos sitios de interés históricos como: las bóvedas, Panamá la Vieja, el Casco Viejo de la ciudad. También visitaron Mi Pueblito y obviamente el Canal.
Fue aquí en Panamá donde descubrieron que la carretera interamericana era interrumpida por la espesa selva del Darién. Por si era poco, sentían temor al llegar a Colombia, por lo que enviaron sus motos por barco a Bolivia y desde ese país, recorrerían algún pedazo de tierra colombiana para poder decir que se realizó el viaje tal cual se planeó.