Nación

El retorno en medio de las promesas


"Todavía tenemos miedo, pero debemos continuar con nuestras vidas", expresó con nostalgia Enrique Martínez, cacique principal interno de Paya, quien con más de 280 personas bajo su jurisdicción, aún continúa alojado en la comunidad de Boca de Cupe, esperando iniciar el próximo 20 de febrero el retorno a su hogar. El cacique no ocupó el cargo como le hubiera gustado, por la sucesión hereditaria, sino por la forma violenta como murieron sus superiores a manos de insurgentes colombianos.
"Los kunas estamos acostumbrados a morir de viejo o por enfermedad, pero no así, de forma tan violenta", declaró Martínez a El Panamá América al aclarar que en sus casi 50 años de vida, nunca había vivido algo como lo ocurrido el pasado 18 de enero.
Y es que el temor será un sentimiento que acompañará a los habitantes de Paya y Púcuro los próximos años, hasta que los efectos del olvido sanen, si es que pueden, el recuerdo de una masacre que acabó con la vida de cuatro altos dirigentes de estas comunidades indígenas.
"¡Seguridad, queremos seguridad!". Fue la expresión que repetían una y otra vez centenares de payanos alojados en Boca de Cupe, que el pasado jueves esperaban con gran avidez la llegada de la presidenta Mireya Moscoso y parte de su equipo gubernamental, que visitó varias comunidades fronterizas.
Momentos previos, habían narrado a los miembros de la prensa nacional cada una de sus experiencias, incluyendo la partida sin retorno de varias de las víctimas, sus antiguos líderes. Martínez, por ejemplo, no sólo se salvó de la muerte segura que lo aguardaba por ser el cacique segundo, sino que vivió dos días con la zozobra de no saber de su familiar, Raquel Martínez, quien fue llevada por los paramilitares, en calidad de rehén, a territorio fronterizo colombiano.
Raquel recuerda cada momento con horror, los rostros, la ropa, las armas y los parajes que recorrieron junto a los paramilitares cuando éstos la encontraron un día después de la matanza en Paya y Púcuro. Con ella iba también Lorencita Bastida, quien tuvo que dejar a sus pequeños hijos mientras era escoltada por los insurgentes.
¿Por qué las soltaron y no las asesinaron como a los sáhilas? Ellas no lo saben, lo que sí saben con certeza es que necesitarán mucha ayuda, sobre todo gubernamental, una vez regresen a Paya, porque "los paracos se llevaron todo: Comida, ropa y hasta las chaquiras para las pulseras de las mujeres", las cuales están siendo vendidas en los pueblos del lado colombiano".
La llegada de Moscoso a Boca de Cupe en compañía de sus ministros de Agricultura, Linneth Stanziola; Salud, Fernando Gracia; Educación, Doris Rosas de Mata; Economía y Finanzas, Norberto Delgado; Gobierno y Justicia, Arnulfo Escalona; Juventud y Familia, Rosabel Vergara; además del director de la Policía, Carlos Barés, estuvo cargada de entusiasmo y promesas.
Pero también de múltiples peticiones por parte de los pobladores de Paya, Boca de Cupe y Púcuro, quienes -tal vez- jamás habían contado en sus poblados con una comitiva gubernamental tan amplia. Siendo así, el momento fue más que propicio para solicitar toda clase de cosas, desde insumos básicos para la alimentación, educación, salud, indumentaria y suministro de agua, hasta el compromiso de una seguridad permanente en la región.
"Solo tenemos la ropa que cargamos, necesitamos sabureti (tela utilizada por las indias kunas para la confección de sus vestidos), para las niñas sí se puede recibir "vestiditos" y pantis", solicitó Lorencita a la presidenta Moscoso al momento que hizo uso de la palabra, durante la asamblea que se organizó con motivo de su llegada. Otras peticiones hechas, cuyos cumplimientos son más difíciles, sino imposible, fueron: declarar Darién como zona de paz mediante la instalación de Cascos Azules de la ONU y coordinar la realización en esta provincia de los programas de ayuda humanitaria que ofrece el Gobierno de Estados Unidos.
"Nosotros estaríamos dispuestos a que se desarrolle acá programas de ayuda como se están realizando en otras comarcas indígenas. Quienes se oponen allá (en la ciudad de Panamá) no están sufriendo lo que nosotros", señaló el cacique Martínez.
Durante la asamblea en Boca de Cupe, las promesas de los miembros del Ejecutivo no se hicieron esperar. Cada Ministro detalló los proyectos que sus despachos ejecutarían en el término de la distancia. La total remodelación del centro de salud de Boca de Cupe y el mejoramiento de los puestos de atención de Paya y Púcuro, los estudios para la extensión de la carretera El Real-Boca de Cupe, la aplicación de un sistema de alcantarillado rural en Púcuro y la ampliación de la escuela de Boca de Cupe al sistema de Básica General, fueron algunos de los compromisos adquiridos.
Los representantes del gobierno también ofrecieron ejecutar en Paya y Púcuro dos granjas de desarrollo sostenible, la dotación de telas y accesorios indígenas, coordinación para la instalación de sistemas de telefonía y de electricidad y mejoramiento de los acueductos en Paya y Púcuro.
En materia de seguridad, las autoridades prometieron mantener y aumentar el número de unidades policiales fronterizas, que actualmente suman 150. Se incorporarán al sistema de seguridad aquellos residentes que deseen participar, para lo cual serán adiestrados por la Policía Nacional.
Según la propia presidenta, el gobierno prevé contar con ocho helicópteros que en determinado momento puedan patrullar la frontera, para lo cual se están haciendo las cotizaciones, a fin de poder adquirir cuatro nuevas unidades y reparar otras cuatro que están en tierra con diversos desperfectos mecánicos. "Hemos querido demostrarles que les vamos a dar seguridad, que pensamos en ellos y los vamos a cuidar... De ninguna manera estas serán promesas que no se van a cumplir", dijo la presidenta Mireya Moscoso.


fecha edicion
old id
79690
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América