Nación

El "Santo Anónimo", GALLEGO

?Fue un auténtico testigo del Evangelio... fue golpeado y encarcelado por defender la causa de los pobres?, Monseñor Martín Legarra.


En el corazón de los fieles, sobre todo, de los que conocieron al padre Héctor Gallego y otros que han oído hablar de él, ya es un "santo anónimo".

Sólo un decreto oficial del obispo de Santa Fe de Veraguas, de cuya diócesis era Gallego, una investigación de su obra, escritos y la recolección de otros testimonios incluido un milagro, aunque se tratara de un mártir, lo llevaría al honor en los altares.

El padre Patrick Hanssens, director de la Pastoral Social Arquidiocesana, considera que a pesar de que donde hay un mártir, siempre está el cuerpo martirizado, mutilado; en este caso como hay desaparición se deja como una incógnita.

 

"Es una nueva forma de martirio", subraya Hanssens.

Para el sacerdote Conrado Sanjur, quien preside la Coordinadora Popular de Derechos Humanos y ha dedicado interés especial en la búsqueda y memoria histórica de Gallego, la gente de la iglesia de base, la comunidad, la sociedad consciente define que "a Héctor Gallego no se le puede quitar su carácter martirial. Aunque sus restos no hayan aparecido".

Recuerda que es todavía hasta más mártir, porque además de haber sido víctima de detención y tortura, desaparecen su cuerpo, hasta este momento.

 

Las reglas de la Iglesia católica establecen que para declarar a una persona mártir o santo se tiene que realizar un largo proceso en el que se toman en cuenta puntos centrales, entre estos: la presencia de los restos de la persona, pero no son determinantes.

Rómulo Aguilar, sacerdote panameño conocedor del tema de derecho canónico, asegura que "si no existe el cuerpo, se realiza la investigación y si de acuerdo a ésta, la persona tiene los méritos para ser declarado mártir o santo, no hay problema".

"Al que van a hacer santo no es al cuerpo, sino a quien llevó su cuerpo. Lo que importa es su vida, sus obras, sus palabras y todo aquello que lo distinguió", explica Aguilar.

 

El sacerdote subraya que lo más común es que los restos de quienes han sido declarados santos, han sido encontrados.

Hace poco, la Iglesia declaró beatos a los mártires de la guerra de España. De muchos de ellos no se les han encontrado sus restos, pero están en los más de 400 mártires declarados Beatos, revela Aguilar.

Esto nos dice que la presencia de los restos no es determinante, sin embargo, en la mayoría de los casos, la Iglesia basa el martirio en que se compruebe que el sufrimiento del postulado haya ocurrido por defender la causa del evangelio.

 

El cuerpo.
Un artículo de Joaquín Martín Abad, en la página web, el cual se refiere a la Beatificación de los Mártires Españoles, publicado en Roma en el 2007, explica que para que se emita un decreto sobre el martirio, debe constar que se comprobó históricamente el martirio material.

Se necesitan "testigos que aseguren que mataron al mártir, o porque lo vieron o porque lo hicieron, incluso se demuestra dónde están los restos del mártir".

Joaquín Martín Abad enfatiza que "hay seguramente muchos más mártires, pero sus cuerpos no fueron encontrados.

"Santo, profeta".
Hay dos homilías particulares que recuerda el padre Conrado Sanjur, las del 9 de junio de los años 2000 y 2001, fecha de conmemoración de la desaparición forzada de Gallego en Santa Fe de Veraguas.

Sanjur retoma la forma como el obispo de Veraguas, Oscar Mario Brown, se pronunció pausado, firme, muy tranquilo, en la Iglesia San Pedro Apóstol: Gallego es "mártir, profeta y santo".

En el 2001, el obispo Brown dijo que Héctor Gallego era el ejemplo de los sacerdotes para el tercer milenio.

"Si la diócesis de Veraguas que fue donde él (Gallego) trabajó, considera que su trabajo apostólico merece el inicio de una investigación en esa línea, son ellos los que tomarán la decisión", dijo Aguilar.

Al respecto, el padre Sanjur, que mantiene contacto con los campesinos e indígenas de Santa Fe y poblados de Veraguas, resalta muy detalladamente la memoria viva de Gallego. Destacó que los pobladores aún recuerdan cuándo vieron por primera vez al padre colombiano.

"Adoran a Héctor Gallego, hablan de él como si hubiese sido ayer".

Sin embargo, la veneración que perdura 37 años después que fuera secuestrado por agentes de la Guardia Nacional, es de cautela. No hay un pronunciamiento oficial de la Iglesia para iniciar una investigación sobre el martirio del padre, cuyo cuerpo está desaparecido, revelan los sacerdotes consultados.

Solicitamos una entrevista al Arzobispo de Panamá, José Dimas Cedeño, pero no se concretó porque desde su oficina alegaron quebrantos de salud.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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