A pesar de los escándalos de corrupción pública y privada que durante años han sacudido a Panamá, nunca se ha investigado a un banco y ni siquiera se ha ordenado el levantamiento de la reserva bancaria, dice el abogado Sidney Sittón.
El más reciente es el caso del colombiano y zar de la estafa de las pirámides en su país, David Murcia, quien creó unas 248 empresas de papel y durante dos años entró y salió del país con visa de turista.
Las primeras tres sociedades que montó Murcia, cabeza visible de la captadora ilegal DMG en Colombia, tenían su nombre y el de su esposa. Luego creó las restantes en las que no aparecen ni él ni sus allegados.
Evidentemente, había una intención de esconder transacciones y a los verdaderos dueños de las sociedades. El abogado que hace esas empresas tiene que sospechar que no es para nada bueno, señala Sittón.
La opinión del presidente de la Asociación Bancaria Panameña, Moisés Cohen, es radicalmente distinta: está convencido que lo que le ha permitido al país ser un centro financiero es la creatividad para generar y atraer inversión.
Si nos quitan eso, Panamá se acaba. Tenemos una posición estratégica y un sistema fiscal con evidentes ventajas, pero solo eso, asegura.
Mientras Panamá organiza la defensa del sistema financiero, una nueva presión surgió el jueves 21 de mayo. Everett Eissenstat, asistente del representante comercial de Estados Unidos, declaró en el Senado: “También compartimos las preocupaciones acerca de las políticas tributarias de Panamá y estamos trabajando con Panamá sobre este tema”.
La advertencia revela que EE.UU. no está dispuesto a ratificar en el Congreso el Tratado de Promoción Comercial, sin que se modifique el sistema de sociedades anónimas al portador y bajar las exigencias mínimas para formar un sindicato de 40 a 20 trabajadores.