Alfredo Torres, de 47 años y dos hijos, no es un hombre común. Vive en el distrito de Arraiján y la mayoría del tiempo ha trabajado informalmente, tan es así que dice resignado: "ya no recuerdo cuándo fue la última vez que cobró un cheque como asalariado".
Se mantiene activo de un lado a otro, aunque se le ve "golpeado por la vida", como él mismo dice. Recientemente, lo encontramos en la entrada de Nuevo Chorrillo. Su aspecto asemejaba el de un trabajador del Ministerio de Obras Públicas (MOP), sin embargo, un conductor de taxi nos aclaró que se trataba de un hombre que se gana la vida de una manera creativa.
Fue entonces cuando lo abordamos y dijo: "Alfredo Torres es mi nombre, soy un "tapahueco"; con cemento, arena, agua y pala en mano, voy parchando todos los huecos que me encuentre".
Su satisfacción es que dignamente consigue entre B/. 15 y B/. 20 para que sus hijos asistan dignamente a la escuela.
"¿Quién le paga?", preguntamos, a lo que respondió que: "los conductores y peatones".
"Quisiera que el ministro del MOP, Carlos Vallarino, me ofreciera un trabajo". Torres quiere seguir haciendo lo que hasta ahora, pero formalmente y con un salario.
Es desenvuelto y no tardó en decir: "usted ve que los narcotraficantes son los héroes de la noticia".