Los ojos que avistaron el taxi rojo, donde Portugal fue conducido al fin de sus días, ya se están multiplicando.
Un desfile de testigos está ayudando a poner al desnudo el caso y, en tal faena, se han rescatado del olvido, algunos datos: La muy probable participación de tres miembros del G-2 durante algunos interrogatorios que se practicaron a Heliodoro, y la identidad del dueño del taxi rojo.
Mucho se ha hablado del nexo que germinó entre taxistas y el G-2, después del golpe militar de 1968. Se comentaba que ese aparato de inteligencia militar se valía de muchos taxistas para pulsar la opinión ciudadanos que luego eran delatados, por un lado, y para propagar rumores, por el otro.
En esto de los rumores (o las "bolas") el aparato de seguridad se mostraba extremadamente sensitivo. No en vano Manuel Noriega llegó a dedicar páginas al tema en su libro "Operaciones Psicológicas", donde se ocupó de explicar detalles acerca del impacto que el rumor lograba en la sociedad.
Pensando en el secuestro de Heliodoro, en el café Coca Cola, resulta curioso un comentario sobre el rumor: "Estas bolas circulan muy especialmente en gentes ociosas y en el personal abonados (sic) a los café "Mirany, Coca Cola" etc.", escribió Noriega en su libro fechado en 1975.
Panamá América habló con dos nuevos testigos, quienes estaban situados en los alrededores del Coca Cola, cuando Heliodoro Portugal fue despojado de su libertad, un día, de un mes, registrado en 1970. Uno de esos testigos, ya suministró el nombre de la persona que conducía el taxi del plagio.
Este testigo, quien responde al nombre de Almengor Borbúa Alcedo, no dudó en suministrar a las autoridades el nombre de la persona que supuestamente condujo el taxi ese día. Dijo que el 27 de mayo de 1970 (otros han declarado fechas distintas) él se aproximó al Coca Cola, donde apresuradamente alguien le previno: "Aguántate allí que tienen a Portugal detenido adentro del Coca Cola".
De acuerdo con la versión de Borbúa, a Heliodoro se lo llevaron en "el carro de Cornejito", quien conducía un taxi color rojo. Este -agrega- fue un carro que le regaló el General Torrijos con el cupo, y con el cual él se dedicaba a ser "sapo" (soplón del G-2) y a mucha gente se metió presa por información de él".
Según el testigo, Cornejo se jactaba cuando llegaba al Coca Cola, y "pechón" desafiaba: "Bueno, quién va a hablar aquí, hablen de mi general para meterlos presos", y en otras oportunidades gritaba rasante: "Los estamos vigilando, hablen ahora de mi general para meterlos presos".
El entrevistado rememoró también que al momento del plagio, en el sitio se encontraba una considerable cantidad de personas que presenciaron el crimen, hecho efectivo a plena luz del día como ya se ha referido. "Allí estaba un señor que yo conozco que se llama