Nación

El tres y dos del asunto ballenero

Para algunos, el envío de un representante sería determinante en el tema.


EN EL 2004 el tema de la conservación de las ballenas se puso al rojo vivo cuando Panamá mostró una posición "ambivalente" a la hora de votar en la Comisión Ballenera Internacional (CBI); sin embargo, algunos entendidos opinan que llegó la hora de reivindicarse.
¿Cómo?. Gabriel Despaigne, de la Asociación Verde de Panamá (ASVEPA), cree que la elección formal de un representante panameño ante la CBI "lo antes posible" es la forma de lograrlo.
Con ello se dejaría claro el papel conservacionista de nuestro país y no sólo eso, Despaigne opina que es la oportunidad perfecta para acabar con la idea de que a Panamá lo manejan los "maletines japoneses".
El es optimista. Según dijo, en los últimos días ASVEPA y otras organizaciones ambientalistas han sostenido reuniones con autoridades gubernamentales, quienes les han manifestado sus intenciones de enviar a un delegado ante la CBI antes del mes de marzo.
Sin embargo, no es tan sencillo, al menos así lo considera Líder Sucre, de la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ANCON).
Lo que Despaigne puede estar interpretando como la formalización de Panamá ante el organismo ballenero, Sucre vaticina que podría tratarse de ir allá pero para lograr "una salida elegante".
Y es que a su juicio, retirarse de la CBI no sería una decisión desacertada porque esta entidad se hizo para lidiar con la industria ballenera y "nosotros no somos parte de esa industria".
Es más, dice Sucre, "si con salirnos evitamos participar en votaciones en las que quedamos en el club de países desastrosos, bienvenido sea".
En ese grupo del que habla el ambientalista se encuentra naciones como Sierra Leona y Liberia, entre otras, que no han ganado el respeto mundial en el tema de la conservación de ballenas.
Sucre asegura que el año pasado Panamá tuvo una posición "mediatizada" a la hora de manifestarse porque no votó a favor de ninguno de los nuevos santuarios balleneros, pero tampoco permitió que se abrieran las regulaciones de caza de estas especies.
Justamente el director de ANCON recuerda como un asunto "particularmente doloroso" que nuestro país votó en contra de la propuesta latina para un santuario ballenero para el Atlántico Sur, "un santuario latino" que era idea de Brasil, Argentina y México, países hermanos.
A Panamá le cuesta aproximadamente B/. 18, 000 al año estar en la CBI, explicó Despaigne, no obstante, estimó que los beneficios son incalculables.
Sucede que en lo relativo a la CBI, Despaigne suma un tema que está en el ambiente hace ya varios meses. Se trata el proyecto de ley para que las aguas territoriales panameñas sean convertidas en santuario ballenero.
De concretarse la iniciativa, tal como opina el encargado de ASVEPA, organismos internacionales han señalado que invertirían cerca de B/. 200 millones en infraestructura para el avistamiento de ballenas.
Aunque para Sucre la participación internacional no llegará instantáneamente, además lo que se haga no debe ser únicamente motivado por el aspecto económico, sino más bien para que se refleje lo que "el panameño quiere".
En lo que sin duda hay coincidencia es en lo que se refiere a los beneficios turísticos que el avistamiento de ballenas traería a Panamá y las comunidades costeras.
Para muestra un botón. Las ballenas jorobadas que son las que se ven con mayor facilidad en nuestro país, generan varios millones de dólares a República Dominicana. Llegan a la Bahía de Samaná y a un sitio llamado Banco de la Plata.
Entre tanto, en Costa Rica la zona de Bahía Drake es famosa por los cientos de millones de dólares que se generan por el turismo ballenero. Lo mismo ocurre en Argentina.
Esa es la meta hacia la que Despaigne quiere que se enfoque la mirada de las autoridades, puesto que del avistamiento de ballenas Panamá cobraría anualmente hasta B/. 100 millones.
"Las ballenas serían una alternativa de ingreso que disminuiría la pobreza extrema de muchas familias en las áreas costeras", mencionó.
Hay mucho que ofrecer. Sucre citó lugares como Coiba, Isla Iguana, Contadora y Taboga donde se observa para esta época gran cantidad de ballenas.
Turismo rural es el concepto que se desarrollaría en estas áreas. Los lugareños unirían esfuerzos para sacar provecho a lo que les ofrece la naturaleza.
De hecho, Sucre precisó que ANCON está trabajando con las comunidades cercanas a Coiba para que puedan emprender sus microempresas no sólo dirigidas a llevar turistas en sus botes al Parque Nacional Coiba, sino que además se incluya el avistamiento de ballenas y la visita a las zonas aledañas que son de gran belleza.
Ya se ha adelantado mucho en ese sentido, según dijo Sucre, hay lugares en los que se han hecho albergues y cabañas. El proyecto de ANCON enlista a regiones como Bahía Honda, Pixvae, Gobernadora, Santa Catalina, Playa El Banco, Montijo, Río de Jesús, Puerto Mutis.
El adiestramiento ha incluido el traslado de los beneficiarios, que son unos 30, a lugares como Bocas del Toro y Costa Rica, en una especie de pasantía por dos semanas para conocer la experiencia de pequeñas empresas turísticas.
Gabriela Etchelecu, directora ejecutiva de la Fundación Marviva, coincidió también en la importancia de las ballenas como atractivo turístico para nuestro país, específicamente las jorobadas.
Tal como señaló, a ellas se les puede observar principalmente en el Parque Nacional Coiba y en el Archipiélago de Las Perlas. Esta especie nada despacio, de 4 a 10 kilómetros por hora, generalmente en grupos de 10 y bucean de seis a nueve minutos, tiempo después del que van a la superficie para respirar tres a cinco veces de 15 a 30 segundos.
Estudios científicos han demostrado que las ballenas en general son animales sociales y de una inteligencia considerable. En su largo recorrido en búsqueda de sitios de apareamiento y reproducción, recorren miles de kilómetros, pasando por lugares que forman corredores biológicos invisibles. Este corredor es indispensable para su sobrevivencia.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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