A medida que se avanza por el largo corredor del túnel que atraviesa el Cerro Ancón, la seguridad aumenta. De hecho, ésta se divide en etapas.
Su entrada principal, justamente frente a las oficinas principales del Ministerio de Relaciones Exteriores, está flanqueada por una puerta blindada, cuyo vidrio tiene unos 10 milímetros de espesor. Luego de esta puerta, sigue otra igualmente blindada. Con ella se inicia la primera etapa de seguridad.
Además del blindaje, apenas se cierra se pueden colocar unas trancas de hierro. Este procedimiento es similar al usado en las viejas casas del interior del país, donde se usan unas trancas de madera en lugar de cerraduras.
También cuentan con pequeñas cadenas de seguridad, tal como se usan hoy en las puertas de las residencias.
Las paredes del corredor están forradas con corcho, para evitar el eco. El techo está construido con canaletas especiales que evitan la filtración del agua que sale del cerro, mientras que el aire acondicionado no usa compresores, sino que funciona a base de agua.
En el piso, a lo largo del túnel, se observan los llamados "manjoles", utilizados para dar mantenimiento a las tuberías de desagües. Pero las tapas no son comunes y corrientes. Sus bordes o marcos están hechos de bronce para evitar la corrosión, a fin de que no haya dificultad para abrirlos.
El túnel tiene 34 oficinas, todas ellas con puertas blindadas, además de otras salas.
Algunas de ellas se han convertido en depósito de la Cancillería. Incluso, allí están guardadas las sillas y las mesas que usaron los presidentes durante la Cumbre Iberoamericana, celebrada en Panamá en noviembre pasado.
A todas luces, el lugar era un centro de Inteligencia y Logística del Comando Sur. Allí se ven porta mapas, pantallas semejantes a las de cine en las paredes, e incluso, una capilla con una cruz chocolate delineada en la alfombra verde. Por las características de esta habitación, parece haber sido usada como un salón de operaciones netamente militares.
Algunas oficinas tienen el piso cubierto con una capa de madera y sobre ésta la alfombra. Esto impedía que cualquier onda electromagnética dañara el equipo de cómputo. Este sistema es una réplica del usado en el Pentágono de Estados Unidos.
A pesar de que la seguridad era allí el punto clave, todo el sistema eléctrico está conectado al servicio de electricidad que provee al resto de la ciudad. No obstante, justamente frente a la Caja de Ahorros de Balboa están unas cajillas en la acera, desde donde se puede reparar cualquier daño.
De igual forma, todo el sistema eléctrico de Quarry Heights está dentro del túnel.
Continuando el recorrido, puede observarse en una de las oficinas, un cuadro del barco Ancón cruzando por el Canal de Panamá. Este está pintado en la misma pared y enmarcado en madera color barniz. Esta pintura se está deteriorando.
Ese salón parecía usarse para logística, pues hay también lo que parece ser una pantalla de cine.
En este punto comienza la llamada segunda etapa de seguridad. Otra puerta blindada da acceso a ella.
Después de traspasarla se llega a la Armería, un salón oscuro donde también está la alarma contra incendios, tipo "Halon". Cuando ésta sonaba había que salir en un tiempo estipulado, de lo contrario, las personas podían ahogarse con gas.
El salón no es muy grande y al parecer no contenía armas de gran tamaño, a juzgar por la pequeña verja de hierro a través de la cual se entregaban a los oficiales. El timbre que anunciaba el requerimiento de un arma aún funciona. El piso es de madera aislante y por el techo se observan grandes conductos que parecen ser del aire acondicionado.
Continúa el gran corredor y se llega a otra puerta blindada. Para entrar, era necesario saberse una clave. Después, un pequeño vestíbulo y a la mano izquierda el corazón del túnel: la oficina central donde se reunía el más alto comando.
Este salón está revestido con alfombras grises, tanto en las paredes como en el piso. Una franja de madera barnizada bordea el centro de las paredes. Hay lo que parece ser una pequeña tarima.
Cuando el alto comando entraba, se encendía una luz verde afuera. Su puerta, también blindada, era cerrada con llave por fuera. Nadie podía salir si no se abría desde afuera.
Adentro podía desarrollarse una guerra y nadie en la antesala se enteraba. Las paredes son totalmente a prueba de ruido.
Este es exactamente el centro del túnel. Está a 250 metros debajo de la cima del Cerro Ancón y rodeado de roca sólida.
En este salón se tomaban las decisiones más importantes del Comando Sur. Es más: se dice que desde allí se decidió la invasión a Panamá.
Sus luces brillan más que en otras salas debido a que el Ministerio de Relaciones Exteriores les dio mantenimiento recientemente.
Al salir de esta sala al corredor, comienza la última etapa de seguridad. Otra puerta blindada da acceso a cuatro escaleras de 31 escalones cada una y sus respectivos descansos.
Estas conducen al final del túnel, al otro extremo del cerro, exactamente frente a "Mi Pueblito" y toda el área de El Chorrillo. Para acceder a este sitio, hay que pasar por otra puerta de hierro. Desde allí, aun con las ramas de los gigantescos árboles obstaculizando el campo visual, se observa todo el Casco Viejo de la ciudad capital, la bahía y el área de Amador. Anteriormente no había árboles que obstaculizaran la visión.
Y justamente en ese lugar se encontraba la Artillería Antiaérea. Desde ahí se disparaban los cañones, si bien, ahora el lugar desde donde se disparaban está sellado.
Y eso es precisamente lo que ven los panameños cuando comienzan a subir por el sendero asfaltado que conduce a la cima del cerro: una pared cercada con alambre ciclón y con puertas blindadas.
Aún está allí el teléfono desde el cual se llamaba para que desde dentro abrieran la puerta a los que disparaban los cañones.
Se observan, a lo largo de las escaleras y pintados en las paredes, unos diagramas de la ubicación de las escaleras y los descansos. Hoy están oscuros, en algunos tramos, y en otros, lo suficientemente claros como para caminar sin temor.
El túnel cuenta también con una cámara de descontaminación.
De regreso, y otra vez en la entrada del túnel, se pudo observar del lado derecho, un pequeño salón donde se encuentra el destructor de documentos secretos más grande de América Latina. Parece un molino de arroz. Aún funciona y el papel destruido sale como una bola de algodón en la que no puede leerse nada. La tinta se blanquea de tal modo, que los restos de papel salen totalmente blancos.
La última vez que el túnel cumplió con su misión de proteger a la oficialidad estadounidense, fue durante la invasión de diciembre de 1989. Fue entregado a Panamá en 1998.
¿CUAL SERA SU DESTINO?
Una infraestructura como ésta requiere de constante mantenimiento, precisamente lo que no recibe el túnel de Quarry Heights por parte del gobierno nacional.
Según manifestaran Darío Moncada, director de Seguridad Diplomática del Ministerio de Relaciones Exteriores, y su asistente, Gilberto Farrugias, sus 40 recámaras, las siete puertas blindadas, su depósito, el mezanine, las escaleras, el salón de reuniones, la capilla, el depósito, los baños y todo el sistema de aire acondicionado y electricidad pueden quedar en el olvido y perderse, si no se les proporciona mantenimiento.
"Sin un adecuado mantenimiento se perderá en un par de años", señala Moncada.
La Cancillería ha hecho algunos trabajos de reparación, pero esta infraestructura está bajo la responsabilidad de la Presidencia de la República, por lo que no cuenta con presupuesto para ello.
Las fuentes insisten en que ahora el túnel está en franco deterioro y no hay ningún proyecto en ciernes para darle un uso adecuado, aunque el gobierno desea mantenerlo "vivo", y hasta ha surgido la idea de darle un uso turístico. No hay nada escrito al respecto.
Tal parece que esta obra de gran importancia para Panamá, desde el punto de vista histórico, no preocupa a las autoridades del gobierno. En consecuencia y, tomando en cuenta que no hay nada proyectado para darle un debido uso, el túnel parece destinado a convertirse en una cueva sucia y maloliente.
De ser así, los panameños que se han preguntado año tras año, qué hay en las entrañas del Cerro Ancón, jamás sabrán lo impresionante que es estar en su interior; jamás podrán ver la magnificencia de la obra ni conocer el lugar donde se tomaron las más importantes decisiones del Comando Sur en los últimos 60 años, y que afectaron de una u otra forma, a todos los países latinoamericanos.