Washington.- Las elecciones presidenciales del año 2000 no sólo pasarán a la historia como una de las más reñidas de la historia de Estados Unidos, sino también las más manipulada y costosa. Los candidatos de ambos partidos se volaron nada menos que 3,000 millones de dólares durante los interminables ocho meses de la campaña -el presupuesto anual de defensa del Canadá- de los que un tercio se fue en avisos de televisión.
Este caudal de dólares incluye las vastas sumas de los honorarios que los candidatos pagaron a los susodichos "expertos en mercadeo", los manipuladores de opinión pública, maestros de elocución, y una cantidad de otros supuestos especialistas que preparan a los candidatos a participar en estas gestas que caracterizan el montaje teatral o cinematográfico de la política posmoderna.
Son estos "expertos", según las personas que conocen al Al Gore que transformaron al vicepresidente de un hombre inteligente, experimentado y sensible, en un candidato Demócrata cuya imagen televisiva alarmó a sus propios adeptos por su apariencia tiesa, gestos estudiados y una casi total falta de espontaneidad.
"Los maestros del mercado de las opiniones han instruido a los candidatos en sus apariencias físicas, así como en lo que deben pensar," lamenta Daniel Schorr, el célebre comentarista de la cadena nacional educacional, National Public Radio (NPR) y una de las voces más respetadas del mundo periodístico de Estados Unidos. "Han creado todo una nueva serie de personajes-un Bush que ya no hace muecas y un Gore que no da más suspiros".
Probablemente el legado más inmediato que dejará esta campaña, aún inconclusa, es el polémico manejo de la información de los medios televisivos que, basándose en las encuestas de opinión y no en los resultados reales, al fin de cuentas, fueron responsables de los vaivenes de la jornada. Primero, proclamaron a Gore ganador de los 25 votos electorales de la Florida, retractándose luego para pasarlos a Bush, a pesar de que no se había completado la computación. Ahora el resultado final de quién regirá a Estados Unidos durante los próximos cuatro años dependerá del recuento de los votos de Florida que posiblemente dure dos o tres días más.
"Es verdaderamente vergonzoso, cómo ustedes acaban de distorsionar el proceso democrático de los Estados Unidos," explotó William Bennett, un educador y ex-funcionario y asesor del gobierno del presidente Ronald Reagan, en el programa de Larry King de la cadena CNN minutos después de que esa cadena anunció que el haberle dado los 25 votos de Florida a Gore fue "prematuro".
En un acertado mensaje a este corresponsal, Eloy Alfaro, abogado y ex-embajador de Panamá en Estados Unidos, resalta que no es por nada que en su país se prohíbe la realización de encuestas inmediatamente antes de una elección, así como la publicación de encuestas o proyecciones antes de que el Tribunal Electoral haya revelado los resultados oficiales, una idea que ya se está discutiendo en Estados Unidos, aunque con poca probabilidad de éxito.
En tanto, Schorr señaló cómo el tenor "centrista" tanto de Gore, heredero de la "Tercera Vía" del demócrata Bill Clinton, así como la moderación del gobernador Bush ha mistificado a los observadores europeos que esperaban fuertes discrepancias en temas como el aborto, racismo y el control de armas, puntos que causaron asperezas en las luchas primarias dentro de ambos partidos, todo para capturar el voto "indeciso".
"Nuestra campaña confunde a los observadores de otros países," reconoce el comentarista. "Gordon Corera de la BBC de Londres pregunta cómo se puede hablar de candidatos "simpáticos" en vez de discutir una política para los Balcanes. Y el periódico Tageszeitung de Berlín, anota que el gobierno más importante del mundo está a punto de ser elegido por el pueblo más ensimismado y menos interesado en política del mundo.
Pero Schorr, que en sus 80 años ha visto muchos otros vuelcos políticos en los cuatro rincones del mundo, se muestra más tolerante de su sociedad que muchos de sus colegas.
"Creo que están siendo un poco duros con nosotros," pondera. "Si sus países tuviesen el poderío y la prosperidad que goza Estados Unidos, sus ciudadanos tampoco estarían muy interesados en la política y los propios estadounidenses estarían más interesados si no se sintieran como víctimas de los especialistas del mercado".