Nación

Elecciones, ¿qué pasó?


El artículo es un análisis sobre la base de una conferencia dictada por el autor, ante el Club Rotario de Panamá, el pasado 5 de mayo.
Para El Panamá América
En la primera entrega se desarrolló la trayectoria del PRD, por qué ganó Martín Torrijos, las nuevas concepciones del partido como respuesta a las necesidades del país, qué sucedió con sus adversarios y una evaluación de la participación del PRD en las elecciones de 1984, 1989, 1994, 1999 y 2004.

A demás, los socios del arnulfismo han tenido un desempeño electoral errático. Hay que recordar que en aquella elección especial del 89 (que más parecía un plebiscito), el Liberal Auténtico fue el que menos votos obtuvo, de los tres partidos que fueron en alianza, y esto vale la pena resaltarlo porque fue ese partido el que realmente estableció un acuerdo formal con los arnulfistas, al punto que en la campaña aparece el icono de Arnulfo Arias sobre la campana de la bandera de los liberales. Aún así, a pesar de que los liberales auténticos apelaron al voto arnulfista con un acuerdo formal, el partido Liberal Auténtico fue el que menos votantes captó, de los tres de la alianza ADO Civilista.
Otro supuesto equivocado de parte de los que hoy día tienen que preguntarse qué pasó, es la creencia de que los inscritos representan una cifra creíble para realizar análisis de escenarios electorales. El registro histórico solo encuentra válido, para estos fines, el dato de los inscritos para el caso del PRD, pues es el único partido del que se puede decir que hay una correlación positiva entre el número de inscritos y los votos obtenidos. En el caso de los otros partidos del país se da una enorme variación entre el número de inscritos y el total de votos obtenidos para presidente. Destacados dirigentes confiaban en la lotería de los inscritos, y la lotería de los inscritos está muy vinculada a la necesidad puntual, momentánea de la gente.
Otro factor que debe ser analizado es la incorrecta o inconveniente ubicación de actores políticos de peso. Con ello se tiene que apuntar directamente al papel especialmente cumplido por la presidenta Moscoso. Expuesta en exceso en todo el escenario político se hace inevitablemente, y en buena medida, responsable de los votos que obtuvo su partido. Y en exceso porque fue determinante en el fondo y forma para escoger al candidato presidencial de su partido. Dominó los principales escenarios, presentó discursos que opacaron a los del candidato presidencial, en relevantes actos de proselitismo, llegó el extremo de ser quien invitaba al acto de cierre de campaña del candidato José Miguel Alemán y hasta de aparecer en uno de los balcones de la tarima de dicho acto de cierre de campaña.
Un factor adicional que debe revisarse es el anquilosamiento y la descomposición de las estructuras políticas, que no se pusieron al día con las exigencias de la sociedad. Esto tiene mucho que ver con el tipo de convivencia que tuvieron los partidos de la alianza de gobierno de Mireya Moscoso. Ocupados más en pugnas y tensiones, no pudieron conservar a Cambio Democrático dentro de la alianza. Los liberales, ya en el mismo escenario de la campaña electoral, tuvieron roces significativos con el gobierno, hubo renuncias y acusaciones de despidos de funcionarios. La lucha intestina entre los arnulfistas llegó al punto de convertir a Guillermo Endara Galimani en una realidad innegable, de peso especifico en el escenario. Y ni hablar del proceso de descomposición del partido MOLIRENA, partido que jugó un papel clave en el triunfo de Mireya Moscoso. El MOLIRENA quedó herido internamente de manera grave, mucho antes de llegar a las urnas. Este partido llega a las elecciones sin aliento, sin vida, sin organización y sin ponerse al día.
Al final, hubo fallas elementales también en el aspecto técnico o en la mecánica de la campaña electoral tales como: ver en las encuestas a los principales enemigos. El fantasma de las encuestas los hechizó y concentraron en ese fantasma todo un poder de fuego innecesario. Perdieron de vista que las encuestas, por lo general, no tienen el poder que muchos políticos le atribuyen, como el poder de cambiar decisiones de la gente, el poder de llenar los sombreros de donaciones o el poder de cautivar a la gente. No hay investigaciones de carácter sociológico que puedan señalar claramente que las encuestas cumplen ese papel. Mientras que sí se ha comprobado la importancia de otros factores que claramente inciden en la conducta electoral, y que fueron despreciados sistemáticamente.
En el caso de la alianza de gobierno hubo una apuesta a ciegas al "olfatómetro" y el "olfatómetro" es bueno, pero hoy día no es suficiente. No se puede entrar y permanecer en el juego político a punta de olfato. Hace buen tiempo que la actividad política y la actividad electoral se nutren de estudios y conocimientos científicamente obtenidos, científicamente procesados y científicamente analizados.

En fin, en lo que al papel de la alianza de gobierno respecta, cabe decir que las organizaciones políticas de esta, se presentaron agotadas, descompuestas, con una visión electoral anticuada, frente a un PRD renovado, preparado y legitimado por los eventos a los que se había sometido previamente, y para colmos, esa alianza de gobierno también confrontó a otro adversario (Guillermo Endara) que los descalificó como representantes de las aspiraciones de sus votantes potenciales. Aquí al hablar de legitimidad se hace referencia al ejercicio de hacer elecciones internas en los partidos. El PRD se sometió a diversos ejercicios democráticos en los que se escogieron las autoridades del partido y los candidatos. Es decir, cuando llegó a las últimas elecciones, llegó con el librito manoseado y con todas las partes del carro bien aceitadas.
En este punto cabe apreciar ahora el significado de la cuota obtenida por Guillermo Endara y Solidaridad. Deben separarse, no deben confundirse como un sólo factor. Endara logró apropiarse del perfil adecuado como la propuesta capaz de acercarse al PRD, polarizar con éste y disputarse el poder con dicho partido. En este sentido tuvo gran éxito. A pesar de perder, Endara lucía realizado, estaba reconociendo su derrota y nunca dejó de sonreír. Nunca se había observado a un perdedor tan feliz como se vio aquella noche del domingo 2 de mayo. Endara logró atraer a los que se motivan grandemente para contrarrestar "el riesgo" de que el PRD llegue al poder. Hay que reconocer la existencia de un significativo segmento electoral que asume una posición final en las elecciones, dado el temor de que el PRD gane. Endara encontró en ese importante nicho un buen bastión.
Pero ese fenómeno fue y es también un punto débil para Endara. Su fortaleza es su debilidad. Apelar a la necesidad de impedir que el PRD llegue al poder, es apelar a un grupo cada vez menor por razones obvias. Los arnulfistas cada vez más se han quedado restringidos al segmento de población de mayor edad, con fuerte memoria histórica de rechazo al PRD. Esa generación va desapareciendo, va de salida, y mientras esa generación va de salida, hay una nueva que va entrando, a la cual el discurso del "antiperredismo", la dictadura, los militares vs civilistas, los pañuelitos, los pitos, las pailas, etc., poco o nada le dicen, porque tienen sus propias preocupaciones, sus propias expectativas y sus propias necesidades. Para comprobarlo, basta una conversación de 15 minutos con cualquiera de los hijos de la generación "anti-PRD" y se descubre que esta nueva generación tiene asuntos distintos con problemas distintos en condiciones distintas.

 
Pobreza de discurso y carencia de argumentosEn este sentido quienes adversan al PRD deben descubrir que recurrir al pasado es cada vez menos conveniente cuando el presente y el futuro se muestran promisorios por parte del propio PRD, además de que, cada vez más, le dice menos a las necesidades de las nuevas generaciones. Tienen que curarse del tortícolis político que les impide mirar correctamente hacia delante, tienen que descubrir que las campañas negativas, por no hablar de las sucias y las sorpresivas a última hora, corren un alto riesgo de rebotar en contra, como pasó en 1994, cuando a pocos días de la contienda electoral despertaron al país con la expectativa de unas vídeo cintas que iban a ser determinantes en contra de la opinión de preferencia de Pérez Balladares; y como pasó este año, cuando exactamente el mismo error cometieron a pocos días de las elecciones, al querer involucrar a Martín Torrijos con supuestos escándalos. Lógicamente poca credibilidad podrían generar, y el desespero afectó a los propios acusadores. Las campañas sucias y negativas tienen el riesgo altísimo de rebotar en contra de quien las emite y nótese como su generador después de haber sido escogido legislador con más de 20,000 votos en su circuito en 1999, ahora salió con medio cociente, ni siquiera obtuvo la mitad de los votos que había sacado en las elecciones anteriores. Casi se queda, y eso que era un legislador estrella.
Finalmente, en consideración a los resultados electorales, vale la pena indicar que, a excepción de lo que ocurrió en 1989 (en condiciones muy peculiares), la elección presidencial de 2004 es la que registra la mayor distancia entre el ganador y los demás competidores. Hay un mandato claro. El triunfador no solamente obtuvo la preferencia con relación a la Presidencia de la República, sino que la obtuvo también en el escenario legislativo en donde su alianza controla más de la mitad, y en cuanto a las alcaldías y representaciones de corregimiento, también logró cuotas mayoritarias.
Pese al discurso cargado de acusaciones contra el PRD y su candidato, en torno a la dictadura, los militares, etc., el votante entregó una enorme cuota de poder a un sólo liderazgo, con lo cual se demuestra lo distante que está aquel discurso de la realidad política y social de los panameños de ahora.
Ciertamente este triunfo despierta muchas alegrías, pero también abre paso a preocupaciones, porque este voto homogéneo exige un altísimo grado de responsabilidad por parte de quienes hoy día son triunfadores. Los votantes han entregado un cheque en blanco con capacidad para que los triunfadores firmen y para que descuenten de él todos los recursos, expectativas y esperanzas que el Estado y la población tienen para los próximos cinco años. Es decir, de esta o se sale amado o se sale odiado. Quiera Dios que para beneficio de todos los panameños y todas las panameñas el nuevo gobierno, las nuevas autoridades elegidas o nombradas en los distintos órganos del Estado y en las distintas instituciones puedan construir la Patria Nueva que han propuesto.


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155160
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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