Sus rostros lo decían todo: dolor, desesperación, hambre, tristeza y miedo. Eran 180 de las 13,496 personas afectadas por las inundaciones en Bocas del Toro.
Su estancia en la extensión de la Universidad de Panamá, ubicada en Changuinola y que fue utilizada como albergue, no ha sido la mejor.
"Aún no contamos con camas y la comida es muy poca. El agua se fue y muchos de los alimentos que nos proporcionan por desgracia están vencidos", recalcó María Elizabeth, quien perdió todo durante la inundación el pasado sábado.
María, de 41 años, freía chicharrones en un fogón improvisado, para saciar su hambre y la de algunos familiares, ya que desde hace días no come carne.
En el sitio de estancia solamente le están dando arroz con frijoles o con lentejas. De vez en cuando reciben un alimento enlatado que reemplaza al pollo, pescado u otro tipo de carne.
Cuenta la mujer, con voz entrecortada y de baja estatura, que ese trágico día estaba dormida junto a sus tres hijos, cuando se percató que todo estaba lleno de agua.
"El río se llevó todo, mi casa, los pocos muebles que tenía y no sé qué hacer".
Frente a María estaba su esposo, un hombre poco expresivo, de nombre Eugenio Martínez, quien la ayuda en sus quehaceres de la cocina.
"Cuando aconteció el desastre estaba en mi trabajo, y al enterarme no dudé en dirigirme a mi hogar. La escena fue triste, ya no había nada, pero gracias a Dios toda mi familia estaba a salvo", manifestó.
Según Eugenio, es poco lo que pueden hacer y la comida llega con lentitud.
En el punto donde se encuentran María y Eugenio, ya dos niños fueron atendidos por padecer una diarrea severa. Los dos son indígenas y no superan los cinco años. La situación comienza afectar a los infantes.
En cinco días estas personas no han visto con claridad el sol, debido a que la lluvia no deja de caer. Su mayor anhelo es que escampe y puedan retornar a su estilo de vida normal.
Pero el panorama no es nada alentador en Guabito. En ese corregimiento de Bocas del Toro el nivel del agua aún llega a los dos metros.
Muchas personas pasan el día en sus techos, esperando que un carro del Gobierno los apoye con agua y comida, ya que en muchas tiendas se ha agotado.
Están alimentándose solamente con plátano, y la poca comida que les llega se distribuye entre aproximadamente 800 personas.
En esta parte de la frontera, entre Panamá y Costa Rica, la crisis no ha sido superada. Los vuelos que precisamente ayer llegarían con más alimentos, fueron suspendidos por las lluvias que se mantienen en el aeropuerto de Chiriquí.
Incluso la visita del presidente de la República, Martín Torrijos, no fue alentadora. Poco era lo que podía hacer el mandatario panameño ante tantas personas con deseos de obtener agua y comida.