PASAR POR la avenida Nacional y observar los multifamiliares que se localizan en esta área se convierte para muchos en algo rutinario, pero al entrar a Cabo Verde, en el corregimiento de Curundú, todo cambia.
La pobreza se huele y se ve. Una gran cantidad de niños y niñas no vivieron la magia de la Navidad, pues la situación económica es crítica.
Los infantes sólo juegan con una pequeña bola que se desinfla con los golpes. Los aparatos del pequeño parque que está detrás de los edificios están dañados. Por esto en tiempo de vacaciones escolares sólo dembulan entre los edificios sin nada que hacer.
En el área no se observan guirnaldas ni luces de colores. Lo que se aprecia son hileras de ropas que cuelgan de sogas amarradas de extremo a extremo de los edificios y alrededor de un sinnúmero de desperdicios.
Los moradores recuerdan que antes repartían bolsas de comida para Navidad y Año nuevo, pero esto fue en el período electoral; ahora ningún político se acerca por esta área, indicó Olivia Córdoba, quien tiene 24 años de vivir en Cabo Verde.
"Algunas veces no tenemos ni para comer", recalcó Benedicto Castro, en medio de aguas negras.
En Cabo Verde hay miles de problemas
Curundú continúa entre la pobreza y la esperanza de mejores días. Sin embargo, no hay cambios.