La llamada esperada por casi nueve años llegó a las 5:30 a.m. La cita no parecerá atractiva para muchos porque el lugar de encuentro era un hospital, pero para Jaime sí, pues se le trasplantaría el riñón que tanto había anhelado.
Ese 8 de septiembre del 2000 permanecerá vivo en su memoria porque el día que comenzó con una llamada desde Colombia a su residencia en la Barriada 24 de Diciembre, en la capital, terminó con una operación que significaba su divorcio con la máquina de diálisis que le dio vida a partir del momento en que le diagnosticaron insuficiencia renal crónica.
El día en que se hizo la entrevista presagiaba una amenazante lluvia que domina estos días de abril. El cielo se veía con nubes grises pero allí, sentado en la parte frontal de la casa de doña Tina, su madre, estaba un hombre delgado y sonriente que fue a Colombia en búsqueda de una esperanza de vida.
A no ser por su delgadez y las visibles huellas de la fístula en sus brazos, nadie podría imaginar la lucha que ha librado Jaime Rodríguez.
Esa lucha comenzó en enero de 1992 cuando después de tantos exámenes de laboratorio por sus quejas de debilidad, náuseas, dolores musculares, pérdida de apetito y presión arterial alta, los médicos le dijeron que sus riñones se habían paralizado.
Para un hombre acostumbrado a manejar un camión de reparto, que en sus horas no laborables disfrutaba de la tranquilidad de su hogar junto a su esposa y dos hijos, esa noticia fue como un potente golpe que tiraría al piso al más experimentado boxeador.
Y algo similar a lo que transcurre en el ring pasó cuando después de escuchar la cuenta reglamentaria, se levantó armado de un poderoso derechazo de esperanza para seguir peleando por la vida.
Para ese tiempo era visible en su brazo izquierdo la operación que se le había practicado para adecuarlo a su futura relación con la máquina que le permitiría seguir en este mundo.
Una aguja era la puerta de salida de sangre con toxinas y otra servía para que el líquido rojo purificado entrara a su cuerpo.
¿Qué significó para ti volver a orinar después de tantos años?, se le preguntó a quien en todo ese tiempo había tenido que medir gota a gota los líquidos que consumía.
Su respuesta llega pausada, pero llena de energía. "Bueno, imagínese, prácticamente hasta esa sensación la había perdido; al darse uno cuenta que está orinando siente que hay un riñón que está funcionando, que tu vida va a cambiar de ahí en adelante".
Pese a que con los avances médicos un trasplante de riñón es relativamente sencillo, en el caso de Jaime ocurrió lo contrario, cuando una obstrucción intestinal y una apendicitis provocaron complicaciones, cirugías conexas y hasta un diagnóstico severo.
"Señora, no podemos garantizarle nada; las cosas han tomado otro rumbo y sólo queda esperar". Esas fueron las palabras que dijeron los médicos que lo intervinieron, a doña Tina, quien lo acompañó los casi dos meses que estuvo recluido en la Clínica Valle del Lili, en Cali.
La mujer quiebra la voz cuando recuerda aquel instante, pero da testimonio de su infinito apego a Jesucristo para que fuera él quien hiciera la obra en su hijo, quien ya había sufrido tanto.
"Luego todo salió bien; él se recuperó y pudimos regresar a nuestro país. Este muchacho tiene una gran fortaleza", afirma.
Jaime cuenta cómo se siente siete meses después: "Puedo comer frutas, tomar líquidos a mi gusto; es un cambio de vida total".
JORNADA DE LUCHA
Como paciente de hemodiálisis, a Jaime le tocó vivir el doloroso episodio de compañeros que fallecieron por complicaciones y porque el riñón esperado nunca llegó.
Junto a los demás pacientes que se atendían en el Complejo Hospitalario Metropolitano de la Caja de Seguro Social, escenificó jornadas de protesta que incluyeron cierres de calles, pero sin violencia.
Lucharon por una ley de trasplante y lo lograron. Lucharon por mejor atención y lo lograron.
Finalmente, desarrollaron una dura jornada para que la CSS les cubriera totalmente los gastos que implicaba un trasplante en otro país.
"En Panamá se hacen trasplantes pero de donantes vivos y eso es muy difícil, sobre todo cuando no hay compatibilidad", nos cuenta.
Afirma que pese a que la ley que impulsaron con el apoyo de otros sectores permite los trasplantes cadavéricos, en este país no hay conciencia profunda de lo que esto significa para alguien que tiene ahí la esperanza de seguir con vida.
Todas estas trabas los llevaron a solicitarle al Seguro la oportunidad de viajar a Cali o Medellín, en Colombia, en busca de un riñón.
Aunque ahora tiene 33 años, Jaime fue uno de los pacientes que más tiempo se mantuvo esperando su oportunidad.
Y el momento llegó. Un joven de 30 años había muerto en un accidente y uno de sus riñones era compatible con su cuerpo.
Recuerda que el día que lo llamaron desde la clínica colombiana, a donde había mandado suero y contaban con su historia clínica desde hacía algún tiempo, no paró de hacer trámites junto a su madre.
En el armario de su casa había una maleta llena de polvo. Esa maleta y un pasaporte eran los dos elementos de emergencia que tenía listos desde hacía muchos años. Pero llegó el instante acariciado de sacudir el polvo y arreglar su ropa para emprender el viaje.
Cuenta que aproximadamente a la 1:30 p.m. salieron en un vuelo privado desde Albrook, y llegaron a su destino dos horas después. A las 7:30 p.m. ya estaba en el quirófano.
"El riñón para trasplante dura sólo horas y el vuelo que nos podía pagar el Seguro salía en la noche, por lo que tuvimos que contratar una avioneta-charter". De esta forma explica cómo, siendo una familia de modestos recursos económicos, tuvieron que ingeniárselas para disponer en un día de B/. 1,800 balboas para el pasaje y algo de dinero extra.
"Más que nervioso, cuando subí a la avioneta me sentía lleno de expectativas, y ya verá...feliz de saber que se cumpliría mi sueño; me encomendé a Dios", dice mientras gesticula con sus manos y explica cuál fue su último pensamiento en suelo panameño antes del viaje.
Aunque muy abierto para la conversación y con facilidad de expresión, Jaime comenta que hubo momentos, durante su enfermedad, en que sentía que ya no podría seguir luchando contra la negativa de sus riñones de funcionar.
Actualmente se encuentra en fase de seguimiento médico y evaluación. Lo que sí deberá tomar por tiempo indefinido son unos medicamentos especiales para garantizar que el riñón trasplantado su exitosa marcha.
EXPERIENCIAS
Jaime nos invitó, al fotógrafo y a mí, a colocar nuestros dedos en las protuberancias de su brazo izquierdo. El fotógrafo lo hizo primero y luego yo. Cuando me tocó mi turno, sentí una fuerza similar a una potente corriente eléctrica que me impulsó hacia atrás.
El reía y yo no salía de mi desconcierto, así que toqué nuevamente. Sentí por primera vez en mi vida la fuerza con la que transita la sangre por nuestro cuerpo. En esa área fue donde le hicieron la operación especial para conectarlo a la máquina de diálisis.
El ahora no le da a esos "montoncitos de piel y venas", como lo denomina, la importancia de antes.
"Me imagino que el que quiere quitarse esto, por estética, lo podrá hacer; lo malo es que nos vean esto y nos relacionen con inyección de droga". Esta es una preocupación primaria que tiene.
En tanto, muestra su deseo de seguir luchando dentro de la Asociación de Pacientes con Insuficiencia Renal Crónica y Familiares, a favor de un creciente y preocupante número de panameños que padecen esta enfermedad.
Indica que agradece la política de la CSS de ofrecerles oportunidades de vida al facilitar una operación que supera los B/. 10 mil balboas y por la atención que se ofrece en la sala de diálisis. No obstante, le preocupa que estas salas (hay otras en Colón y Chiriquí) se han quedado pequeñas para la demanda, al extremo que tienen turnos hasta la madrugada.
Quien llegó a tener 2 de hemoglobina ahora alcanza el valor 15, y también ha aumentado su optimismo.
El guarda la esperanza de que los panameños comprendan la importancia de donar sus riñones y otros órganos, como una ofrenda de amor al prójimo, porque...Siente que un hombre nuevo es.