México.- Para que los gobiernos latinoamericanos lleguen a tener mejores niveles de competitividad hace falta una lucha más efectiva contra la corrupción, convirtiéndolos en garantía de probidad.
Así cobrarán más peso, prestigio y darán nuevos impulsos a la colocación de más empresas y de las inversiones, tanto de Estados Unidos como de la Unión Europea; con este fin hay que promover las campañas contra la indebida influencia ante las dependencias públicas, el nepotismo y amiguismo, los sobornos de parte del sector privado y, más que nada, promover la enseñanza de la ética en los centros educacionales.
Un destacado experto mexicano, Carlos Ugalde, director de Ciencia Política y Relaciones Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) reiteró lo que ya había advertido ante un foro del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en presencia del vicepresidente panameño, Dominador Kaizer Bazán: que la marea de privatizaciones que desató el neoliberalismo careció de los mecanismos de supervisión para evitar influencias indebidas.
Este es el resumen de las conclusiones con las que se ha cerrado el foro "México contra la Corrupción", con un llamado del presidente Vicente Fox para acabar con este flagelo y al que asistieron funcionarios y expertos mexicanos e internacionales.
En sus intervenciones, funcionarios como Lea Braslawsky, representante del Banco Mundial, enfatizaron que las reformas al Poder Judicial son la base para continuar con las políticas de prevención y controles institucionales sobre la materia.
"Si no se castiga a los peces gordos, los peces flacos van a estar muy felices", resaltó Braslawsky durante una rueda de prensa en la que reiteró que la corrupción en los países no desarrollados alcanza el nueve por ciento de su Producto Interno Bruto.
Jaime Aparicio, ex-subsecretario de Relaciones Exteriores de Bolivia y actual director de la Oficina de Seguimiento de la Cumbre de la OEA, destacó que los resultados de toda campaña contra la corrupción dejarán mucho que desear cuando esté por medio la impunidad.
"Hay que terminar con los santuarios de la corrupción. Es muy importante que estas gentes dejen de tener lugares donde refugiarse. Un gran disuasivo sería que los corruptos de Latinoamérica dejen de ser admitidos en Miami. Es muy difícil regresarlos a sus países para que rindan cuentas", expuso.
A su vez, Ugalde recordó que a principios de los años 90 los países en desarrollo comenzaron a darse cuenta de que debían introducir mecanismos eficientes contra la corrupción, antes de emprender más reformas estructurales.
"Lo que pasó es que en América Latina transferimos activos públicos a manos privadas, sin contar con mecanismos adecuados de supervisión y transparencia, y el resultado fue corrupción, mercados que no operan, monopolios públicos que pasaron a ser monopolios privados...y el consumidor fue el más afectado".
Oliver Lafourcade, director de la oficina subregional de Colombia, México y Venezuela del Banco Mundial, expresó que existe una íntima conexión entre corrupción, bajo crecimiento y mantenimiento o agudización de la pobreza.
"La evidencia acumulada es ya contundente, dijo, la corrupción desestimula el ahorro y la inversión, baja la eficiencia de los sectores público y privado, impide la focalización y la efectividad de las redes de protección contra la pobreza, hace sordos a los gobiernos a las prioridades ciudadanas y pone en jaque el funcionamiento de los mercados".