Cerámica del período precolombino, piezas fragmentadas y otras completas, además de restos óseos, se observan en una cueva descubierta en la provincia de Colón por Fidelis Núñez, en el sector conocido como Nuevo Vigía.
Entre vericuetos, oquedades, oscuros abismos y estrechos túneles, el equipo periodístico de El Panamá América hizo un recorrido por su interior, acompañado del director de Patrimonio Histórico del Instituto Nacional de Cultura (INAC), Carlos Fitzgerald; el arqueólogo Alvaro Brisuela y el asistente de Fitzgerald, Juan Ortega.
Si fue difícil penetrar casi de forma horizontal por las dos entradas de la cavidad, el húmedo interior hizo más forzado el recorrido, pues resbalar podía significar caer en los estrechos abismos. Subir para después bajar y luego volver a subir por las escarpadas paredes, tuvo su dosis de riesgo.
La cueva era un lugar de enterramientos secundarios. Las vasijas están colocadas en oquedades, algunas en lo que se puede denominar "primera planta", y otras en la segunda, dados los vericuetos de la cueva, a los que se llega de pie, a gatas o arrastrándose, dependiendo del ancho de los túneles y de su altura.
La estructura calcárea está formada por diversas capas que, con el tiempo, se han ido erosionando y quebrando, por lo que se han formado estalactitas y depósitos. Estos espacios o depósitos, los aprovecharon los indígenas a fin de depositar los restos de sus muertos en vasijas.
Por lo que se observa, colocaban varios entierros, por grupos, en una sola oquedad. Se les llaman entierros secundarios porque no se colocaban los cuerpos completos de las víctimas apenas morían, sino que de alguna manera el cadáver se procesaba, se enterraba, descarnaba o ahumaba, para luego redepositar los huesos en vasijas o urnas.
En este caso, los huesos se ven muy procesados. Además, no se sabe si todas las vasijas contenían huesos, debido a que fueron saqueadas por huaqueros. Casi todo lo encontrado está roto y fuera de posición, lo que es prueba fehaciente de que la cueva ha sido saqueada.
Ahora se va a definir la estrategia sobre dónde y cómo investigar el origen de los restos, además de la confección croquis del área y un inventario completo de lo existente.
Según el director de Patrimonio Histórico, se buscarán restos orgánicos que permitan determinar de qué época son los encontrados en esta cueva, de las que hay varias en el área. Los estudios para este fin deberán realizarse en Estados Unidos o Europa.
Lo que sí es claro es que se trata de entierros secundarios, probablemente de una de las etnias indígenas que primero habitó el istmo: los Cuevas, que fueron exterminados por los españoles en la época de la conquista.
Ahora bien, se sabe también que la cueva es mucho más antigua que la ocupación humana que contiene. Lo que no se sabe es si se enterraban esos restos con otras pertenencias, además de las encontradas. Puede ser que los restos fueran redepositados con artefactos perecederos, como tela, madera, corteza de árbol, entre otros. Eso sí, eran entierros muy sencillos. También se sabe que en el sector ha habido ocupación humana continua desde hace más de 10 mil años, tal como lo indican otros hallazgos fuera de la cueva, tales como puntas de lanzas.
En el caso de esta cueva en Nuevo Vigía, es obvio que eran espacios naturales, a diferencia de otros lugares encontrados donde se cavaban espacios para las tumbas, señaló Fitzgerald.
Este tipo de formaciones calcáreas y sedimentarias no es común en Panamá. Se supone que se formaron cuando el istmo estaba surgiendo. Esas formaciones son provechosas para la industria del cemento, de ahí que haya en el sector empresas productoras de este material de construcción.
Por lo pronto, la Dirección de Patrimonio Histórico recogerá las piezas de las áreas más accesibles de la cueva, espacio por espacio, para evitar que quienes entran a ella las sigan deteriorando.
Cuando se ve un lugar de éstos, donde existen entierros, hay que pensar en un punto fundamental: ¿Dónde vivía la gente sepultada allí? A juicio de Fitzgerald, el pueblo que corresponde a esta necrópolis, debe estar cerca. Pero para saberlo es necesario efectuar un estudio regional, señaló.
Sin embargo, supone que las comunidades donde habitaron están hoy sumergidas, debajo del lago Alajuela y de las poblaciones que fueron inundadas para formar ese depósito de agua dulce, en los años 30. Las nuevas comunidades adoptaron los nombres de las viejas, por eso no es de extrañar los nombres de Nuevo Vigía, Nuevo San Juan o Nuevo Emperador.
Para el experto, es positivo haber encontrado un conjunto de artefactos reconstruibles, pues generalmente lo que se encuentra cuando se dan estos hallazgos son pedazos pequeños de piezas. El hecho de que estén bastante completas permitirá ampliar el conocimiento acerca de las prácticas funerarias de la época.
Informó que se han encontrado enterramientos en urnas o vasijas en la Cuenca Occidental del Canal de Panamá (en el área de Coclesito), en la barriada Torrijos Carter y en Felipillo, recientemente. Antes de eso hubo hallazgos en las islas del lago, entre ellas Matapalo, Garrapata y Macapalé, en el sureste del lago Alajuela, en la cuenca del Chagres. El tema de los enterramientos en urnas es recurrente y no aislado, resaltó la fuente.
Este es un hallazgo de suma importancia para los panameños, sin embargo, durante los dos días en que se efectuó el recorrido por la cueva, no se observó ningún agente de la policía custodiando el lugar. Carlos Fitzgerald informó que coordinaría el tema de la seguridad con la corregidora del área.
Entierros indígenas entre vericuetos y oquedades
La gruta hallada en la provincia de Colón contiene restos humanos, presumiblemente de los indios Cuevas. Sus comunidades probablemente estén sumergidas debajo del lago Alajuela.