Nación

Entre el pánico y la desesperanza celebran el Día de las Madres


Ángel Castillo es de poco hablar. A sus seis años juega y ríe como todo niño de su edad; sin embargo, el semblante le cambia y el temor se apodera de él cada vez que ve imágenes de inundaciones en la televisión.

No es para menos, dice su abuela Sixta Osorio. Ángel vivió la experiencia de ver la casa donde vivía bajo el agua. Allí dejó un carro y una muda de ropa nueva, que compró con el ahorro que hizo todo el año en la escuela y que recibió días antes del 8 de diciembre.

No hubo tiempo para llorar por las cosas materiales que el río Bayano se llevó, pero sí por el significado sentimental que el agua se encargó de destruir en cuestión de horas, relató Sixta.

 

Un año después, a Ángel lo hallamos en una hamaca de la casa #82 en El Llano meciéndose. A diario acompaña a su abuela, que decidió volver a la casa, para limpiar y pasar el día. “No quiere dormir acá, me dice (...) abuela y si se inunda de nuevo?, me pregunta”, comentó ella.

Pero la verdad, el sentimiento es compartido, dice la señora, porque existe el temor de que algo parecido vuelva a ocurrir.

Celebración.
A pesar de que el año pasado, el Día de las Madres pasó inadvertido porque Sixta y el resto de las familias de El LLano estaban, un día como hoy, en el Gimnasio de La Higuera en Chepo, ella y sus cuatro hijos decidieron pasar en familia en la casa donde crecieron.

 

Su hijo Miguel Ángel Riso, de 32 años, dice que después de “esa triste experiencia” su madre, lo mínimo que merece es que se le entreguen los regalo que el año pasado no recibió.

Miguel recuerda que para entonces ya tenía el regalo comprado para su madre, pero dicha inundación se encargó de frustrar los planes de todo un pueblo.


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760675
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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