Los abuelos también llegaron ayer a entregar armas a cambio de bonos para obtener comida. Ellos le temen a estos objetos y apoyan la paz. Durante la quinta versión del programa armas por comida que se desarrolló en el Distrito de San Miguelito, una abuela entregó dos revólver calibre 37 y 38 que eran de sus hijos. Para ello se armó..., pero de valor.
Sustentó que aunque sus hijos tienen el permiso reglamentario, ella entregaba las armas para evitar desgracias en su casa y en la calle. "Las armas son del diablo y quiero ver crecer a mis nietos". Este fue la principal razón que la llevó hasta el campo de juego de la Barriada Los Andes No. 1, donde se efectuó la actividad organizada por el legislador Felipe Cano.
Otro abuelo llegó con arma en mano y con la firme convicción de entregarla, aunque aclaró que era de su propiedad y con el permiso reglamentario actualizado.
Luego de deshacerse del objeto, con cara de satisfacción tomó sus bonos, pero cuando los contó, su semblante cambió. El exigió una suma mayor, pues el arma le había costado 300 balboas y el armero que se la evaluó ayer puso como precio, 100 balboas.
El abuelo se plantó. Dijo que quería B/. 150.00 o no había trato. Pero la negociación rindió sus frutos y le entregaron lo que pidió, suma que puede hacer efectiva cuando vaya a un supermrcado. Los bonos tienen una denominación de B/. 10.00 cada uno.
La actividad, que congregó a varios curiosos, y que se desarrolló en medio de fuertes medidas se seguridad, dio como resultado la entrega de 75 armas de fuego y 1,500 municiones vivas . Lo recolectado supera los 35 mil balboas.
El legislador Cano dijo que aunque el programa debía durar hasta las 3:00 p.m., hubo que suspenderlo dos horas antes por la recia lluvia. A las personas que accedieron voluntariamente al llamado por la paz no se les solicitó ninguna identificación personal.
Cano afirmó que encontraron armas de guerra, entre ellas un mortero, una bazuka, granadas de 40 milímetros, un fusil M-16, un fusil de asalto AK-47, cápsulas antidisturbios, bombas lacrimógenas, pistolas de luces de bengala y municiones vivas. Unas tenían permiso y otras no.
Un armero de la Policía Nacional revisaba y determinaba el precio de las armas, las que quedaron bajo la responsabilidad de esta entidad de seguridad pública.
El legislador dijo que aunque el precio de las armas en el mercado local es de 35 mil balboas, se pagaron sólo B/. 15 mil debido a que algunas no están en las mejores condiciones.
Destacó que desde tempranas horas de la mañana, antes de que se iniciara oficialmente el programa, ya estaban las personas formando fila. En los cinco años que lleva este programa, se han logrado sacar de la calle más de 500 armas que tienen un valor superior a los 225 mil balboas.
En el acto de ayer estuvo presente el ministro de Gobierno y Justicia, Aníbal Salas, quien entregó una contribución de 3 mil balboas por parte del Gobierno.