GUILLERMO Endara, primer mandatario luego de dos décadas de régimen militar, asegura que, a pesar de que la Ley 55 de 1996 le permite tener hasta ocho escoltas y una secretaria, él sólo ha llegado a tener seis.
El ex mandatario asegura que tuvo escolta durante el período de Pérez Balladares y menos de un año con Moscoso, pero que "en verdad a la gente no le gusta estar rodeada" al momento de llevar a cabo tareas rutinarias.
Endara asegura que Moscoso intentó imponerle un grupo de escoltas, que él no aceptó, porque creyó que serían informantes de la mandataria.
De sus escoltas recuerda que utilizaban revólveres o pistolas y cargaban un maletín en el que presume, pero no está seguro, había una metralleta.
Ni cuando fue presidente de la República la escolta fue una prioridad para Endara quien asegura que en una ocasión los productores de leche bloquearon la vía en Divisa, haciéndole algunas exigencias, pero que en vez de enviar a su escolta a abrir el paso, esperó a que se retiraran para continuar.
"Lo que sí tuve que hacer es contratar un chofer", aseguró el ex mandatario, pues hace algunos años dejó de conducir, pero aclaró que "lo pago todo yo, incluyendo su Seguro Social".
"Mi escolta en la campaña la pagué yo" asegura el ex mandatario, quien señala que lejos que para defenderlo de alguna agresión, fue para alejar "a los borrachos que lo abrazan a uno y después no te quieren soltar".
Para el ex gobernante, en Panamá no ocurre lo mismo que un país como Estados Unidos, donde mantener una escolta presidencial es necesario, pues ya se han atentado contra varios presidentes.
En algún tiempo, esta fue una realidad en Panamá, pero todo ha cambiado ahora que llegó la democracia.
"En este trabajo usted sabe cuándo entra, pero no cuándo sale", reflexionó Humberto Montenegro, para quien una bala en el pulmón izquierdo es parte de las experiencias que vivió siendo escolta presidencial.
Tiene 44 años. Pero en 1989, cuando Montenegro contaba con 27, era seguridad del entonces segundo vicepresidente de la República Guillermo Billy Ford, durante la campaña presidencial de ese año.
Antes de ser escolta trabajó en la Embajada de los Estados Unidos. Manifestó que los preparaban para manejar armas de todo tipo y, además, recibían clases sobre cómo manejarse en público cuando cuidaban a un personaje importante.
Montenegro es un sobreviviente. Recuerda que el 10 de mayo de 1989, cuando la oposición marchaba porque Noriega había dejado sin efecto las elecciones, fue atacado junto a la terna presidencial de la ADOC.
Recordó que un compañero suyo murió por cuidar al vicepresidente electo. "Falleció arriba del señor Ford, ya que todos los disparos iban para el entonces segundo vicepresidente", resaltó.
Según su punto de vista, lo más complicado de cuidar un personaje importante es que se arriesga la vida. No obstante, se convirtió en escolta presidencial porque todos los trabajos implican un riesgo.
Hoy Montenegro está retirado y vive en su natal provincia de Chiriquí con su familia. Sin embargo, extraña su trabajo: "a uno cuando le gusta algo, lo lleva en la sangre".
Montenegro dijo extrañar a Ford, ya que fue muy bueno, claro y honesto. "Lo que más se echa de menos es que uno le toma cariño a las personas", acotó.
Sin embargo, reconoció que este trabajo debe ser mejor remunerado por el grado de riesgo y las implicaciones que acarrea.
"Además, el horario es exigente y extenso", añadió.
Señaló con una sonrisa que si volviera a nacer en la misma época, sería nuevamente escolta de "Billy Ford".
Escoltas presidenciales no siempre son convenientes
El ex mandatario Guillermo Endara asegura que en un país como Panamá no es del todo necesario contar con una escolta integrada por ocho miembros.