¡Porque somos pobres nos engañan! Ese es el sentir de humildes isleños y lugareños que viven y trabajan en las costas del Atlántico y el Pacífico del país.
La ignorancia y la necesidad son las principales debilidades de estas personas, quienes en los últimos años han sido víctimas de la estafa.
Esta es la realidad de muchos costeños e isleños que desconocen la discusión que se lleva a cabo en primer debate en la Asamblea Nacional sobre el proyecto de Ley 459 que busca reconocer el derecho posesorio y legitimizar la tierra.
Esta propuesta, que en un principio buscaba que la titulación de tierra fuera potestad de Reforma Agraria con un valor de B/ 6.00 la hectárea, ha sufrido modificaciones en las últimas semanas que no satisfacen a la mayoría de los lugareños.
Panamá América hizo una gira por ambos litorales y conoció de primera mano la historia de muchos campesinos humildes que temen perderlo todo al no poseer un título de propiedad y al enfrentarse a personas que les quieren arrebatar sus tierras.
Guadalupe Medina es una de las víctimas. Ella fue engañada por un abogado que le ofreció B/ 1,200 por las nueve hectáreas de terrenos que posee en isla Los Azules, en Antón, Coclé.
"Me prometieron dinero, pero debía firmar un documento otorgándole mi derecho posesorio para que me entregaran los primeros B/ 300.00, y por necesidad firmé", contó angustiada doña Medina.
Ha pasado un año, y ella no tiene contacto con sus compradores, quienes le deben dinero y la utilizaron para comprar una isla.
Su mayor temor es que le arrebaten sus tierras que ha tenido por 41 años.
Esto mismo le sucedió a Denia Camargo, con un terreno de 1,600 metros cuadrados, ubicado en la isla Boca Nueva, en Antón, donde con engaños y mentiras le compraron sus tierras en un centésimo de dólar el metro cuadrado.
Los argumentos que los compradores le presentaron a Camargo fue: "Eres pobre y nunca conseguirás un título de propiedad, pero yo te ayudo y te compro por B/ 300.00".
La necesidad de comer y comprar combustible la llevó a firmar un documento en blanco.
En la costas de San Carlos, Coronado, La Pacora, hasta Aguadulce, el sentir es el mismo: desean su título de propiedad para estar más seguros.
Así piensa Xenia Benthancour, de la playa La Ensenada, la cual ha vivido y trabajado por 55 años al lado de los pescadores, y ahora observa cómo pedazo a pedazo venden la costa.
"Yo tengo derechos posesorios y ahora sólo queda mi terreno donde llegan 120 pescadores a trabajar", dijo Xenia.
Francisco Urbina tiene una situación parecida. Él es un humilde pescador que toda su vida ha dependido de las playas de San Carlos.
Urbina no conoce lo que se discute en la Asamblea Nacional, sólo sabe que sus padres le dejaron como herencia un pedazo de tierra y un oficio para salir adelante.