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Estructuras que imponen sus diseños desafiando a las alturas


Una estructura con un diseño audaz es suficiente para imponerse sobre el resto de los ingenieros y arquitectos, que desde la década de los 70 mantienen una “guerra” interminable por dejar su marca en una ciudad cosmopolita como Panamá.

Aunque especialistas en la rama dan fe de que la construcción de rascacielos dejó de ser una garantía para atraer la atención de los transeúntes, sobre todo porque aún no define un plan de ordenamiento para el desarrollo de estas grandes obras, no se puede dejar de pasar por alto que la ciudad cambió y los diseños de los edificios son más vistosos.

 

Con el paso de los años el crecimiento socioeconómico y geográfico del país dejó en evidencia que la aplicación de nuevas herramientas tecnológicas en la industria de la construcción les permitió a los arquitectos darles mayor altura y flexibilidad a los diseños de las modernas infraestructuras, que cada vez más desafían las alturas.

La posición que tiene el Istmo no es nueva, data desde la época colonial del año 1619, cuando se construyó la iglesia catedral Nuestra Señora de Asunción, en la antigua Panamá La Vieja.

Desde entonces, el diseño arquitectónico con más de dos altos marcó la pauta.

 

Es evidente que la ciudad se encuentra fragmentada con diferentes muestras de estilo en sus edificaciones que va desde el diseño colonial hasta el más moderno y cosmopolita. Bella Vista, La Exposición, Betania, Casco Viejo y Santa Ana son algunos de los puntos por donde la historia pasó y dejó su marca. Mientras que Paitilla y Punta Pacífica muestran la cara más contemporánea del país.

Todo este “boom” inmobiliario que ahora se observa en las costas de la capital dio inicio en el siglo XXI, dando así a los arquitectos la oportunidad para destacarse en la construcción de vistosas edificaciones.

Para Francisco Barrios, presidente del Colegio de Arquitectos, la vistosidad de las edificaciones en Panamá, independientemente de la altura de las mismas, hizo sus primeros pininos en el campanario de la catedral de Panamá Viejo, de 30 metros de altura. “Es un ícono fotografiado”, destacó.

 

Barrios detalló que esta estructura representa la evidencia de que en tiempos de la colonia la pasión por las grandes alturas daba sus primeros pasos.

Con el correr de los años, las generaciones identificaron otras edificaciones que, según el presidente del Colegio de Arquitectos, merecen su reconocimiento. (Ver infografía).

En esta percepción un tanto subjetiva, Barrios basa este reconocimiento en que no solo depende de la cantidad de losas, sino de la combinación de detalles en técnicas y espacios.

 

Tal es el caso del edificio Miramar, también llamado “edificio barrera” porque cortó la continuidad de la Calle Manuel Espinoza Batista con la Avenida Balboa. “Detalles en su ubicación lo convierten en un ícono”, manifestó el arquitecto.

Más reciente, el F&F Tower o edificio El Tornillo rompió con el paradigma que mientras más alto más llamativo. Aquí los ingenieros comprobaron que el diseño es fundamental, añadió el presidente del Colegio de Arquitectos.

Técnicas.
Para alcanzar estas formas en los diseños ahora los arquitectos tienen de su lado la técnica de losas “compostensadas”, que es la combinación del acero con el concreto sin necesidad de recurrir a las formaletas apoyadas con bloques.

Las losas “compostensadas” les ofrecen a las constructoras la facilidad de crecimiento para ganar altura basada en las normas de urbanismo establecidas por el Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial (Miviot) para cada sector.

Contrario al Miramar, que obligó a los conductores a “echarle “ una mirada forzosa, la torre Donald Trump, en Punta Pacífica, pide a gritos sobresalir en medio de una decena de rascacielos que compiten en altura.

El urbanista Álvaro Uribe concibe lo anterior como la pelea desmedida de las promotoras por explotar diseños de edificaciones en áreas donde no se logran apreciar.

“Es muy triste ver cómo semejante estructura está suplicando llamar la atención sin necesidad, y solo por ubicarse en un área que ya está saturada ”, dijo Uribe.

Lo anterior sin tomar en consideración los problemas que trae consigo la falta de adecuación de los servicios públicos.

Las consecuencias de una mala planificación urbanística desmejoran la calidad de vida de sus residentes y devalúan su valor, comentó el especialista.

Preocupación.
Frente a un escenario de grandes proyectos en construcción, los especialistas están preocupados por la falta de políticas que se ajusten a las necesidades de los futuros focos de desarrollo, seguridad y necesidad de modificar las leyes vigentes.

“No se puede sacrificar un entorno amigable por la sed de construir ciudades amuralladas sin espacios públicos ni áreas de evacuación en caso de que se presenten emergencias”, sostuvo Barrios.

Mencionó como ejemplo lo ocurrido en mayo de 2010, cuando en la torre Global Bank de Calle 50 se dio una explosión en uno de los transformadores de la torre que obligó la evacuación completa del edificio y las mismas no tenían a donde ir, solamente tirarse calle, provocando un caos.

“Las personas se tomaron la calle a falta de espacio público en caso de emergencia para los evacuados, ambulancias y bomberos”, dijo.

Uribe propone condicionar la construcción de edificios a la explotación de nuevas áreas verdes y públicas, porque de lo contrario será una ciudad sin “respiradero”.

Las normas vigentes del Miviot fijan la construcción de torres de alta densidad (RM3) en lotes de una hectárea con un máximo de mil 500 personas.

En este punto entra el juego económico: mientras más recursos tenga la promotora más alto será la construcción, amparándose en la cantidad de personas habitadas por metros que establece la Ley 9 de 1973. “Es allí donde las autoridades deben focalizar los correctivos para garantizar la seguridad colectiva”, explicó Uribe.

En este sentido, el titular del Miviot, José Domingo Arias, dijo recientemente que “hay que acabar con la discrecionalidad en cuanto a la asignación de usos de suelo, ya que estos pueden prestarse para malos manejos”, refiriéndose a las solicitudes de cambios de zonificación que se utilizan para cambiar las áreas de residencial a comercial o viceversa.

Sobre el repunte inmobiliario que provocó la “competencia” de obras caracterizadas por su altura, el economista Raúl Moreira consideró que se trata de una comercialización internacional a costa de la seguridad social de la mayoría, sobre todo de los que transitan por las áreas de mayor densidad.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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