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EU boicotea comisión tripartita para nuevo canal


El temor a un canal japonés: Preocupación vital para Estados Unidos eran los avances de Japón en Panamá. El general Omar Torrijos había iniciado contactos con los japoneses para realizar estudios de factibilidad de un nuevo Canal o de reformas al viejo y ambos países habían suscrito Declaraciones Conjuntas y otros compromisos. El presidente Reagan se hizo invitar a las negociaciones y participó en la firma de acuerdos tripartitos (EE.UU., Japón, y Panamá) para los estudios de un nuevo Canal. Se creó la Comisión de Estudios de Alternativas al Canal, pero a Estados Unidos sólo le interesaba desviar de su curso las relaciones entre Panamá y Japón, porque, al finalizar el Tratado del Canal el 31 de diciembre de 1999, Panamá tendría exclusiva potestad e independencia para acordar arreglos con cualquier país.
Estados Unidos se dedicó a boicotear a la Comisión Tripartita, y ésta no logró realmente reunirse y desenvolverse como se preveía. El General Manuel Antonio Noriega viajó a Japón a fines de 1986 y fue recibido como un jefe de Estado. Los japoneses confirmaron su interés en construir y financiar un canal al nivel del mar.
El gobierno panameño logró sobrevivir a las sanciones, pero también reprimió las manifestaciones, empeorando su imagen ya bastante deteriorada.
COMANDO SUR ACELERA ESCALADA MILITAR
A lo largo de 1987-1989, Estados Unidos aumentó ilegalmente sus fuerzas militares, sin consultar al gobierno de Panamá y en violación abierta del Tratado del Canal, y Panamá elevó protestas pertinentes en la Organización de Estados Americanos (OEA) y en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que fueron desestimadas rutinariamente con sus bostezos acostumbrados.
Los norteamericanos dejaron de cumplir los Tratados del Canal y anularon en la práctica los mecanismos binacionales establecidos, particularmente la Junta Combinada de Defensa, de la cual se ausentaron para proseguir un curso unilateral predeterminado.
El Comando Sur, cuyo cuartel general estaba localizado en Quarry Heights, condujo entre 1988 y 1989 cientos de operaciones militares por tierra, mar y aire, fuera de las áreas autorizadas y dentro de jurisdicción panameña, sin solicitar la aprobación de Panamá, con el fin de provocar a las Fuerzas de Defensa y a la población.
EE.UU. MANDA ESPIAS Y DONA DIEZ MILLONES A LA OPOSICION
Pese al estado de intervención y agresión, el gobierno panameño organizó elecciones generales en mayo de 1989. Agentes de los servicios de inteligencia de Estados Unidos realizaron intervenciones de variada gama. La más conocida fueron las intervenciones radiofónicas a través de emisoras clandestinas, pero las mismas fueron detectadas, y un norteramericano, Kurt Muse, confesó su participación y declaró que los equipos fueron puestos a su disposición por la CIA. En una de las primeras operaciones de la invasión, Kurt Muse fue liberado de la cárcel Modelo por un equipo "Delta" de fuerzas especiales, que asesinó a sus custodios.
El presidente George Bush, dando seguimiento a la política de Reagan, intervino abiertamente en las elecciones al anunciar que había entregado diez millones de dólares a la oposición, provenientes de las cuentas que el gobierno panameño mantenía en bancos de Estados Unidos y que fueron ilegalmente congeladas desde marzo de 1988. El conteo de votos fue interrumpido, y las elecciones fueron anuladas. Una caravana encabezada por los candidatos de la oposición--monitoreada a cada paso por la inteligencia militar estadounidense--fue violentamente reprimida, y Washington empleó profusamente las imágenes de los ataques a los candidatos de la oposición para desacreditar al gobierno panameño y justificar su escalada intervencionista.
Miembros de los Batallones de la Dignidad fueron visiblemente los responsables.
Sin embargo, algunos de los que estuvieron presentes han indicado a este autor que en dichos ataques participaron personas ajenas a los milicianos que fueron vistos poniéndose y quitándose camisetas de los Batallones.
INTERVENCIONES DESDE LA EMBAJADA Y EL COMANDO SUR
A medida que arreciaban las protestas de la oposición también Estados Unidos profundizaba su intervención, al punto de que el propio embajador de esa nación en Panamá, Arthur Davis, y su hija participaron personalmente en muchas de las acciones. Elementos de la embajada norteamericana ayudaron a coordinar muchas de las acciones y estuvieron presentes en marchas y demostraciones. Algunos, como el propio Agregado Militar, por ejemplo, fueron detenidos in fraganti. El propio John Maisto, quien estuvo a cargo de la desestabilización en las Filipinas, fue trasladado a Panamá para aplicar la misma receta. Maisto acaba de ser nombrado Asesor del Jefe del Comando Sur, en vísperas del Plan Colombia. En y desde las bases militares en el Canal se fraguaron numerosas acciones intervencionistas. Incluso el periódico de las fuerzas armadas (Tropic Times) fue empleado permanentemente y de manera ilegal para apoyar la desestabilización.
El gobierno panameño, a raíz de las sanciones, estaba en la ruina, y la actividad económica se redujo drásticamente. No había dinero para pagar la planilla ni para atender los gastos más elementales. Solamente con la ayuda de algunos países amigos pudo el gobierno del ministro Encargado de la Presidencia, Manuel Solís Palma, sobrevivir a corto plazo. Así, entre paros, demostraciones, falta de liquidez, desesperación y represión, Estados Unidos planificó las acciones militares que fructificaron en la invasión del 20 de diciembre de 1989.
El golpe del 3 de octubre y la responsabilidad de EE.UU.
En 1988 se había emitido el Documento de Santa Fe (II), que señalaba la necesidad no sólo de eliminar a Noriega sino de desmantelar las propias Fuerzas de Defensa en su totalidad. En marzo de 1988, un número reducido de oficiales intentó dar un golpe al general Noriega, sin éxito. Más tarde, el 3 de octubre de 1989, otro grupo de oficiales al mando del mayor Moisés Giroldi, apresó a Noriega y se hizo momentáneamente con el poder, pero las fuerzas norteamericanas no intervinieron para apoyar el golpe porque el mismo era perpetrado por fuerzas "torrijistas" dentro de las Fuerzas de Defensa que exigían la salida de las tropas de Estados Unidos el 31 de diciembre de 1999. El golpe a Noriega había sido estrechamente coordinado con el Comando Sur a través de los servicios de inteligencia militar, pero el Pentágono decidió no involucrarse por los motivos señalados. Noriega estaba completamente dominado y sólo se requería que el helicóptero norteamericano, que volaba sobre el Cuartel, descendiera y se llevara al prisionero. Al no atender la solicitud de apoyo del Comando Sur, Estados Unidos debe compartir la responsabilidad por la ejecución de los golpistas. En cambio, el pasado 12 de noviembre, el ex general Marco Cisneros, que coordinó la invasión, mintió al declarar en un programa televisivo sobre la Invasión de Panamá ("Infinito": War Secrets), que el Comando Sur le había "rogado" a Giroldi que le entregaran a Noriega, y que éste se había negado.
OPERACIONES INCUBIERTAS E INTERVENCIONES EXTRATERRITORIALES
Los servicios de inteligencia (CIA, DIA y la inteligencia naval) de Estados Unidos diseñaron varias operaciones encubiertas para eliminar a Noriega, y el FBI autorizó a las fuerzas armadas para arrestar a dirigentes de otros Estados y traerlos ante tribunales de ese país, incluso para asesinarlos, en violación del Derecho Internacional. Se analizó la posibilidad de que Estados Unidos apoyara a una fuerza de panameños y algunos mercenarios para que iniciara ataques a Noriega desde sus bases militares en Panamá. Desde 1989, el Comando Sur había sido designado como el centro para Conflictos de Baja Intensidad en América Latina y, en tal sentido, allí se diseñaron esquemas para violentar radicalmente la estructura social, política y económica de los países escogidos a fin de alinearlos a los intereses de Estados Unidos.
Gran cantidad de oficiales militares de Estados Unidos tejieron una red de espionaje sobre Panamá, que recabó toda la información requerida en caso de invasión: sitios estratégicos y claves, funcionarios importantes, personas peligrosas, direcciones residenciales, teléfonos y faxes, hábitos y rutinas, lugares frecuentados, antecedentes y perfiles políticos, depósitos de armas y municiones, cuarteles y sitios de entrenamiento, cantidad y calidad de armamento, listas de amigos y enemigos, control de comunicaciones e inteligencia, etc. Miles de oficiales y sus familias fueron alojados en hoteles y residencias alquiladas en Panamá, que contribuyeron a levantar planos y crear un sistema operativo.
La planificación militar incluyó planes de contingencia, y fueron varios los proyectos diseñados en el Pentágono para invadir a Panamá con el fin de "arrestar" a Noriega.
LA INVASION DEL 20 DE DICIEMBRE DE 1989
En vista de que todos los intentos de eliminar a Noriega habían fracasado o bien no eran opciones viables para Estados Unidos, la única superpotencia mundial decidió invadir Panamá el miércoles 20 de diciembre de 1989. La operación era totalmente ilegal: el Secretario General de las Naciones Unidas solamente fue informado el día anterior. A la medianoche, a partir de las 11:30 p.m., fuerzas de tierra, mar y aire convergieron sobre diversos sitios preseleccionados, especialmente las instalaciones de las Fuerzas de Defensa en el Aeropuerto de Punta Paitilla; en el Cuartel Central, ubicado en el populoso barrio de El Chorrillo; en el Cuartel de Tinajitas, del corregimiento de San Miguelito; en Fuerte Cimarrón, sede del Batallón 2000, en Pacora; en el Cuartel de Panamá Viejo; en el Cuartel de Los Pumas, ubicado en el antiguo Aeropuerto de Tocumen; en la Base Militar de Río Hato, antigua base estadounidense, donde se encontraban dos institutos de nivel secundario; en la Base Naval de Coco Solo, en Colón.
Cuando todos dormían o se preparaban para celebrar las navidades, la única superpotencia mundial dejó caer sobre un pequeño y desarmado país toda su potencia de fuego. Estados Unidos sobresaturó, en un desproporcionado ataque a Panamá, el escenario bélico. Los agresores utilizaron naves y aeronaves, vehículos, armas, municiones, equipos y recursos bélicos nunca antes utilizados en combate real. Varios aviones Stealth F-117, invisibles a radares ortodoxos, despegaron desde su base en Nevada, se reabastecieron de combustible en el aire, dejaron caer bombas de 2,000 libras sobre Río Hato y El Chorrillo, y regresaron a su sede. Los Stealth ni siquiera fueron detectados por los radares de Estados Unidos en Panamá, menos por Panamá, que no contaba con radares de ninguna clase.
Helicópteros Apache con la más alta tecnología, el bombardero AC-130 Spectre; vehículos todoterreno Hummer; tanques de asalto Sheridan M-551, vehículos blindados M-113, y tanquetas; ametralladoras de varios calibres; y municiones desconocidas, algunas posiblemente químicas; rayos láser y otras utilerías nuevas como chalecos y cascos especiales, visores nocturnos fueron utilizados contra un país que no poseía fuerza aérea, defensa antiaérea ni artillería pesada.
(Segunda de tres entregas).
Ex asesor de política exterior, ex agente de Panamá ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, catedrático de Relaciones Internacionales.


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53392
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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