En Union Square Park, a las puertas de la frontera de la "zona de guerra", centenares de neoyorquinos se congregan espontáneamente para llorar a las víctimas de los atentados: una joven ondea una bandera estadounidense y grita "¡Paz!", un anciano de larga barba se arrodilla para prender una vela blanca, una pareja se toma de la mano y reza una plegaria, otros escriben poemas con lágrimas en los ojos.
Desde los ataques suicidas del martes contra el World Trade Center (WTC) y el Pentágono, la explanada de la pequeña plaza ubicada entre Broadway y Park Avenue, que termina en la calle 14, se ha convertido en el lugar donde todos van a expresar sus sentimientos sobre los ataques, principalmente en la noche.
Velas, inciensos, flores, banderas estadounidenses, mensajes y postales con las imágenes de las célebres torres gemelas -agotadas en muchas tiendas- se acumulan en la plaza, especialmente en torno a una escultura de algo más de dos metros de alto, en forma de torre, construida en yeso blanco y con un trozo de metal retorcido en su parte superior.
"No a las represalias", "Matemos a ", "Hagamos el amor y no la guerra", "Infamia", "I love New York", "Viva la policía de Nueva York", "Responde con valentía: alístate en el ejército", "EEUU seguirá luchando unido", dicen algunos de los mensajes. Cualquiera puede escribir una nota en las carteleras que tapizan las baldosas.
En la plaza donde el artista Andy Warhol tenía su estudio, Amir, Jasmin y Chris organizaron un happening artístico: dos columnas de papel simbolizan las torres desaparecidas, que son sobrevoladas por un avión de aluminio de donde caen piedras.
En una esquina, de espaldas a la estatua ecuestre de George Washington, un vagabundo escucha una vieja radio junto a un cartel donde ha escrito "¿nase a mí para meditar, gloria al budismo zen", y a una lata llena de monedas.
Las fotos de desaparecidos también abundan. No se sabe nada de Pedro Checo, empleado del Fiduciary Trust, señala una fotocopia a color, ni tampoco de Abigaíl Medina, que tiene una marca de nacimiento en su antebrazo izquierdo, ni de Lester Marino, de 57 años, cuya oficina estaba en el piso 105 de uno de los edificios, donde laboraba para Forrest Electric.
Cruzando la calle, frente al retén policial que impide el ingreso a la desértica "zona congelada" (frozen zone) dentro de la cual se encontraba el WTC, delimitada por el Hudson River, el East River y la calle 14, algunos esperan la salida y entrada del personal de rescate para aplaudirlos .
El Gobierno estadounidense estima que los atentados contra el WTC en Nueva York y el Pentágono en Washington, utilizando aviones de pasajeros como bombas voladoras, dejaron unos 5.000 muertos.