Nación

Evalúan suspensión de beca colectiva a comedor infantil

Por falta de subsidio 20 discapacitados se han quedado sin recibir alimentos y medicamentos.


Crema en la mañana y crema al mediodía es solamente el alimento diario que reciben los niños, enfermos y discapacitados del Comedor Blanca de Barría en Torrijos Carter, luego de que los auditores de la Contraloría General ordenaran la suspensión de la beca colectiva que otorgó el Instituto para la Formación y Aprovechamiento de Recursos Humanos (IFARHU) a partir de marzo de 2003.
Guillermo Alegría Zúñiga, director ejecutivo de Becas y Asistencias Educativa del IFARHU informó que la recomendación de cancelación que hizo Auditoría Interna de la Contraloría conjuntamente con la Oficina Regional de San Miguelito del IFARHU para la alimentación de los menores y jóvenes se debió a una serie de irregularidades encontradas el mes pasado -por ejemplo, citó: "espacio cerrados, deterioro de la pintura en la estufa, ropa inadecuada en la manipulación de los alimentos e instalaciones inapropiadas para la citada actividad y solamente la presencia de tres estudiantes".
Esta asistencia económica de B/. 180 mensual tenía un periodo de vida hasta diciembre de 2005. El último trimestre del año se canceló.
Sobre un estudio previo del uso del dinero para el comedor, Alegría Zúñiga aclaró que ese aporte se destinó durante la administración pasada.
Reveló que "anteriormente del departamento de Planificación de esa institución autorizaba las partidas pero ahora bajo la nueva administración la responsabilidad la posee la dirección de Becas y Asistencia Educativa".
Y como no todo está escrito en piedra, el funcionario, quien mostró serenidad frente a la delicada situación, aclaró que todo está sujeto a una reconsideración o nueva revisión por parte de la Dirección General del IFARHU que podría ser atendida en un tiempo prudente, pero con el compromiso de que la coordinadora del Comedor corrija las anomalías expuestas por Auditoría de la Contraloría.
"Una beca cancelada no significa que no se pueda activar nuestra intención es ayudar".
Pero ¿Cómo corregir algunos inconvenientes si ni siquiera hay dinero para la alimentación? Su respuesta fue acudir a la junta comunal o alcaldía para que apoyen la adecuación del comedor.
El reglamento interno de la institución cita que en renglón de becas colectivas se incluye la compra de medicamentos, alimentos, útiles escolares, de gas, etc.
La obra de la misionera Blanca de Barría no nació de la noche a la mañana. Ya son 13 años de entrega al servicio de los desamparados, pobres y enfermos en los sectores de Torrijos- Carter en el distrito de San Miguelito.
Médicos, trabajadores sociales y legisladores la han visto bajar y subir escaleras tocando puertas en los ministerios como en los distintos gobiernos.
Su intención es buscar apoyo, un apoyo que quizás ninguno está dispuesto a ofrecerles. Poco ha sido lo atendido. Sin embargo, ella y su familia casi con las uñas sin esperar reconocimientos o beneficios personales todos los días asisten social y espiritualmente a los moradores. Su oficina, un maletín con expedientes, partidas de nacimiento y fotografías de las familias afectadas, son prueba de la confianza que la población ha depositado en esta luchadora mujer.
La pobreza tiene muchos rostros y numerosas dimensiones pero su afán está en la defensa de la niñez, y los discapacitados.
Frente a la preocupación de la cancelación del subsidio (B/. 540.00 cada tres meses) Panamá América visitó el comedor de la hermana Blanca Barría.
Hubo muchos rostros conocidos, Yorgelis Quirós Rodríguez con su ictiosis severa recordó nuestro encuentro en el Hospital del Niño igualmente Roberta García Martínez, de 8 años, paralítica de por vida.
Ese sábado algunas mamás con sus pequeños en sillas de ruedas solamente llevaron para sus hogares un paquete de crema, el resto llevó las manos vacías. Lágrimas y mínimas esperanzas rondaron en los rostros de estas mujeres.
Blasina Maldonado viuda y madre de un joven de 14 años con parálisis cerebral pide medicamentos y una silla de ruedas para su hijo.
Digna Chirú, mujer sorda y madre de 7 menores nos mostró su refugio. Tres tablas, un piso de tierra y un zinc alberga a José Luis de 7 años quien no ha podido asistir a la escuela y presenta inmovilidad en su brazo derecho, y al resto de sus hermanos quienes no conocen la decencia de una vivienda y la magia de la infancia.
La preocupación que viven los moradores frente a la medida de la Contraloría está tomando calor. Gabriela García explica que no se trata de un comedor sino de un centro espiritual y moral. "Señor Presidente, por qué nos han olvidado", preguntó. La idea de la infancia como un periodo en el que el niño recibe una protección que le permita crecer de forma sana ha perdido completamente su significado en el corregimiento de Torrijos Carter.
Compartir con los que nada o poco tienen ha sido el único propósito de la hermana Blanca.


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202080
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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