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¿Existe Latinoamérica para el gobierno de EU?


Washington- Cada día se hacen más numerosas y pronunciadas las críticas a la política exterior del presidente Bill Clinton, particularmente lo que muchos diplomáticos y analistas consideran la falta de consistencia en su política hacia Latinoamérica.
Hasta hace poco las críticas provenían más bien de sus enemigos políticos, como el senador Jesse Helms y el congresista Dan Burton, republicanos de Carolina del Norte e Indiana, respectivamente, que denunciaban su falta de decisión en ayudar a las fuerzas armadas de Colombia o su supuesta pasividad ante la política cada vez más represiva del régimen de Fidel Castro.
Una crítica más general pero igualmente insistente provenía de diplomáticos latinoamericanos que hablaban a condición de que no fueran identificados por sus nombres o por parte de expertos académicos como John Coatsworth, decano del Centro David Rockefeller de Estudios Latinoamericanos de Harvard o Walter LaFeber de la Universidad de Cornell.
En las últimas semanas, sin embargo, algunas personas claves del propio equipo demócrata han comenzado a instar al presidente que sea más agresivo y consistente en proveer un mayor liderazgo personal a la política hemisférica de su gobierno.
Viron P. Vaky y Alexander Watson, diplomáticos de carrera que alcanzaron el cargo de secretario adjunto de Estado para Asuntos Interamericanos, reiteradamente instaron al gobierno de Clinton para que se concentre más en los asuntos hemisféricos.
Asimismo, Bernard Aronson, un demócrata que ocupó el cargo de secretario adjunto de Estado tanto con George Bush como en el primer año del gobierno de Clinton, apuntó en un artículo esta semana en The Washington Post las consecuencias de la falta de liderazgo.
Contrario a una opinión generalizada, observó, "Estados Unidos usualmente va por mal camino en Latinoamérica no cuando interviene con demasiada rapidez, pero cuando deja de prestar atención hasta que los problemas se han convertido en crisis y nuestra política se vuelve polarizada y todas las opciones son malas".
A mediados de julio Thomas "Mack" McLarty, el amigo personal del presidente que durante seis años fue su "enviado personal" a Latinoamérica, publicó un artículo en The New York Times exhortando a Clinton para que haga un mayor esfuerzo por lograr el "fast track" del Congreso para finalmente iniciar negociaciones para la extensión del Tratado de Libre Comercio concluido con Canadá y México a otros países del hemisferio.
Nadie trata de minimizar el problema que representa para Clinton tener que gobernar con un Congreso dominado por el sector más conservador del partido Republicano ni disputa el hecho de que éste hace lo posible para distorsionar o frenar las iniciativas de política exterior del gobierno.
Al igual que esta columna, son cada vez más los comentaristas que comparan negativamente el escaso tiempo que Clinton dedica a Latinoamérica con la pasión y el tiempo que dedica a los problemas de las relaciones con Europa, Rusia y el Oriente Medio.
"Lo que más hace falta es una mayor atención detenida por parte del primer mandatario", declaró a este corresponsal el veterano embajador Luigi Einaudi, que encabezó el equipo estadounidense que ayudó a negociar la solución del conflicto limítrofe entre Perú y Ecuador.
En un reciente seminario patrocinado por el Diálogo Interamericano, el destacado diplomático preguntó: "¿Latinoamérica existe, pero dónde está el gobierno de Estados Unidos?".
"La pregunta es válida porque cada vez que se intenta saber cuál es hoy la política de EE.UU -por ejemplo con respecto a Colombia- se obtendrán diferentes respuestas, dependiendo del interlocutor: Arturo Valenzuela, el director de Asuntos Interamericanos en el Consejo Nacional de Seguridad; Peter Romero, el subsecretario de Asuntos Interamericanos en el Departamento de Estado o el zar de la lucha contra las drogas, el general Barry McCaffrey", escribió Ana Baron, la corresponsal de El Clarín, el rotativo argentino de mayor circulación, en un reciente artículo sobre la confusión reinante en el gobierno de Clinton.
Un diplomático sudamericano que la pasada semana asistió a una conferencia en Miami, organizada por un grupo cívico denominado "Unidos contra las Drogas", comentó que fueron precisamente algunos representantes de estos distintos sectores del gobierno federal quienes "crearon una cacofonía de opiniones encontradas".
El caso de Colombia, que con cada día que pasa parece volverse más crítico, últimamente ha recibido considerable atención por parte de los medios informativos de Estados Unidos que por lo general demuestran una apatía semejante a la de la Casa Blanca cuando se trata de cuestiones hemisféricas.
Aronson, después de señalar de que desde la elección de Andrés Pastrana, en julio del año pasado, Clinton lo recibió dos veces en la Casa Blanca "con el loable propósito de impulsar las recién-iniciadas negociaciones de paz" con las FARC.
"Pero desde entonces", señala el exdiplomático, "ni el presidente ni la secretaria de Estado, que apoyan las negociaciones de paz en el Norte de Irlanda y el Oriente Medio de manera diaria y profunda, han prestado atención sostenida a Colombia que con sus 40 millones de habitantes es la segunda nación de mayor población de Sudamérica".
El exsecretario adjunto es igualmente duro en sus críticas al Congreso, señalando que tras de triplicar la ayuda militar a Colombia este año, "los republicanos de la Cámara Baja vilipendiaron a los contactos que el departamento de Estado estableció con el grupo guerrillero colombiano más numeroso, las FARC, de "debilidad ante los narcotraficantes" aunque la gestión se hizo a solicitud del presidente Pastrana como parte de su estrategia negociadora".
Una política más balanceada y consistente, según Aronson, requiere cuatro ingredientes por parte del gobierno de Estados Unidos: el fortalecimiento de la economía colombiana, una estrategia bipartidista, la movilización de apoyo internacional como se hizo en la resolución de la crisis centroamericana y diálogo con las guerrillas.


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101 años de Panamá América

 
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