Una de las personas que más conoce sobre el funcionamiento de la Asamblea Legislativa reconoce que hay problemas en materia de debate parlamentario, lo que impide su normal desarrollo.
Y esta falla fue la que llevó a Harley James Mitchell D. a escribir un ensayo donde pone al desnudo que hay desconocimiento de las reglas del debate, así como elementales faltas de tolerancia y respeto por las ideas ajenas.
Sus palabras parecieran consoladoras, pero el abogado que inició su vida política como representante de corregimiento y luego fue legislador, dice que esta situación no es exclusiva de Panamá, pues las reglas del debate son universales.
Al explicar las fallas en que incurren los legisladores, dijo que intervienen sin atender el tema en discusión y dan discursos interminables muchas veces alejados de la sustancia.
Dijo que quizás por táctica política o por desconocimiento de la materia, los legisladores se alejan del tema central, lo que hace que el pleno se convierta en comisión ampliada, pues se repite lo mismo que en la instancia anterior.
Mitchell, con 25 años en la Asamblea, donde de cargos de elección popular pasó a ocupar puestos administrativos y de asesoría, indicó que su ensayo titulado "Debate Parlamentario-Crisis y Alternativas", es una novedad y necesidad urgente para todos los organismos deliberativos.
En este trabajo analiza la crisis deliberativa, marcada por intervenciones incoherentes, por la intolerancia y el obstruccionismo.
Mitchell estudia los métodos para combatir el obstruccionismo o filibusterismo y da recomendaciones de lo que deben ser las reglas de corrección en el debate, el decoro, y el fundamento del debate deliberativo.
El autor dijo que cuando un legislador interrumpe a un colega que hace uso de la palabra, murmura o hace comentarios en ese instante, rompe la transparencia del debate y comete una elemental falta de descortesía.
Al referirse al decoro y fundamentos del debate, recomendó que cuando se hace uso de la palabra, no se debe mencionar el nombre del legislador porque ello da pie a réplicas que alargan la sesión innecesariamente. Lo indicado, dijo, es que se despersonalice y se dirija al presidente de la Asamblea.
En el caso de los otros organismos deliberativos, sean oficiales, privados, gremios y asociaciones, la persona que habla debe dirigirse a quien dirige el debate.
Sobre las reglas que deben aplicarse, señaló que el debate debe dirigirse sin engaños, con iguales oportunidades para todos y con un espíritu contrario al privilegio.
El principio es que todos los oradores tengan el mismo clima de libertad ideológica, en un marco de respeto.
Principios éticos, alta dosis de cultura y urbanidad, son elementos esenciales para debates exitosos, sostiene Mitchell.
También recuerda que quien hace una moción puede votar en contra, pero no argumentar en contra, aunque su propuesta original haya sido modificada.
Al referirse a la conducta, el actual director de Asesoría Legislativa de la Asamblea, afirma que quien habla debe mantenerse siempre en pie, no emplear dos turnos para hablar del mismo tema y no intervenir más de dos veces en el mismo debate.
Mitchell hace mucho énfasis en la necesidad de que el debate se dé en un clima de respeto y altura, aunque hizo la observación de que es natural que, en el caso de los parlamentos, se desarrolle en medio de contradicciones.
¿Y que pasa si no se observan estas reglas?, le preguntamos al asesor. Su respuesta no pudo ser más clara: "El pleno se convierte en un mercado persa, en el que impera el caos".