Corría la mañana del 12 de febrero de 1992. En el lavamático El Empalme, en Calle 31, Calidonia, el pujar y repujar de las máquinas se mezclaba con el estruendo de las trompetas de los “diablos rojos”.
De pronto, una mujer que aparentaba unos 16 años de edad irrumpió en el lugar; quería deshacerse de un bebé, un niño de solo un mes de nacido. “No puedo tenerlo, no tengo trabajo, lo voy a regalar”, dijo la mujer a todo pulmón.

Nilca Chan, quien 19 años después recordó con lujos de detalles la historia, se hizo cargo de José Degaiza. “Si nadie se hacía responsable, simplemente ella lo dejaba allí”, recordó.
Conmovida por la escena, y por ver que el niño ardía en fiebre, lo tomó en sus brazos. La indiferencia se apoderó del resto de las mujeres que estaban presentes. “Sentí temor. Nadie quería tomarlo y consideré que era necesario llevarlo al médico para que recibiera atención”, dijo.
La madre biológica de José desapareció; pero antes, hizo la salvedad de que regresaría por su hijo cuando lo considerara conveniente. Desde aquella escena, han pasado 19 años y la familia Chan aún sigue en la espera de que la madre biológica de José aparezca para conocerlo.
Sin embargo, tanto José como la familia Chan tuvieron que pasar varios tragos amargos cuando intentaron llevar el caso por la vía legal, en la desaparecida Dirección General de Desarrollo Comunitario. Allí, se le informó que el menor debía quedar en manos de la entidad mientras se realizaba el trámite de adopción.
Los padres adoptivos prefirieron cuidarlo y ofrecerle lo necesario, antes de correr el riesgo de que José no regresara a su hogar.
“Para mí no existen otros padres que no sean ellos, los quiero como tal y eso es lo importante”, dijo José a Panamá América.
Actualidad.
La historia de la familia Chan es uno de los tantos casos de personas que prefieren evitar tramitar un proceso legal de adopciones.
¿La razón? Las múltiples quejas de los tediosos y engorrosos procesos para adoptar; mientras que miles son los niños que están en albergues esperando a que una familia los tome como hijos adoptivos.
En la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (SENIAF), que ahora atiende los casos, se amparan en que la falta de recursos impiden que los procesos se agilicen.
Gloria Lozano, directora del SENIAF, reconoce el problema. Detalló que a pesar de las limitaciones han logrado disminuir los trámites para que al mes se decreten unas dos adopciones legales.
“Es necesario entender que primero debemos agotar todos los recursos posibles para determinar que el niño no tiene familiar cercano que se quiera o pueda hacer responsable”, agregó.
Explicó que mientras no se complete este proceso, no se puede solicitar a los jueces de familia que el menor sea declarado en adoptabilidad.
También mencionó que la mayoría de las solicitudes está para menores de cinco años y con características específicas, mientras que la mayoría de los declarados oscilan en edades de 10 y 15 años.
La demora.
Actualmente en los albergues -50 a nivel nacional- 60 niños están declarados en adoptabilidad, y junto a otros 2200 reciben atención integral en los centros de atención.
El tiempo de adopción no solo transcurre en la SENIAF. En los Tribunales de Justicia, en donde se decretan judicialmente las adopciones, también hay un cuello de botella.
La presidenta del Tribunal Superior de Niñez y Adolescencia, Marcela de Antinori, afirmó que se trata de un trámite delicado, amparado en una serie de decretos y leyes internacionales que protegen a los menores, al cual deben ajustarse.
“Se deben garantizar sus derechos”, concluye.