Nación

Falta soberanía alimentaria

La aplicación irrestricta de plaguicidas atenta contra la salud y fertilidad de las tierras productivas.


LAS FORMAS tradicionales de agricultura en nuestro país encuentran que cada día es más difícil competir con los modelos convencionales de la agricultura exportadora.
En la década pasada se gastaron en Panamá, para la importación de plaguicidas, entre 28 y 34 millones de dólares por año. Cifra asombrosa cuando se considera que en la región centroamericana somos el país donde la agricultura contribuye menos al Producto Interno Bruto (PIB).
Pero, no debe sorprender, ya que según el estudio de la entonces Comisión de Libre Competencia y Asuntos del Consumidor, "Diagnóstico de la problemática relacionada con el contenido residual de plaguicidas en los alimentos", publicado en mayo de 2000, ocupamos el primer lugar en la región en cuanto a cantidad de plaguicidas por habitante y hectárea cultivada, y el segundo en término de kilogramos promedio por trabajador agrícola.
El informe detalla que no sólo superamos con creces a los países de la región, sino que el consumo anual por habitante es de tres kilogramos, lo que es mayor que seis veces el promedio mundial y tres por encima del conjunto de países de Centroamérica.
En los años siguientes se espera que el consumo de plaguicidas aumente debido a los modelos de agricultura convencional que persisten y buscan obtener altos niveles de producción y competitividad.
Este modelo, basado en el uso de fertilizantes y plaguicidas de tipo sintético, ha ayudado a los agricultores a eliminar enfermedades, mejorando así la cantidad y calidad de los productos a obtener. Sin embargo, la productividad de estas técnicas disfraza con altos índices otra preocupante vertiente de la realidad. La aplicación irrestricta y sin medidas de los plaguicidas resulta en residuos que atentan contra la salud y deja tras sí un considerable daño a la fertilidad de las tierras productivas.

Según Carlos Abrego, capacitador técnico del MIDA en materia orgánica, el uso de químicos sobre la tierra controla los problemas de plagas, pero a la vez arrasa con los valiosos microorganismos que viven en ella y ayudan a mantener el frágil equilibrio que otorga la fertilidad a los suelos.
Como consecuencia, después de varios ciclos de aplicación los suelos se van secando, lo que resulta en una mayor dependencia de fertilizantes sintéticos para contrarrestar estos problemas. Los agricultores terminan envueltos en un círculo de dependencia de difícil salida, donde los químicos adquieren prioridad y con el consecuente perjuicio para la salud humana y del medio ambiente.
Roberto Iván López, director del Instituto Oncológico Nacional, advierte que los químicos forman parte de muchos de los factores externos que pueden influir en el desarrollo de las enfermedadescancerígenas.

No obstante, existen otras formas de cultivo que además de no ser dañinas para nuestra salud, mantienen el equilibrio natural de las tierras y promueven la conservación de los ecosistemas. Se refiere a la agricultura orgánica y sostenible, el medio más antiguo y tradicional de cultivar los suelos.
¿Y qué es una agricultura tradicional y orgánica?
De manera sencilla es, tanto en la agricultura como en la comida, una manera de producir y comer libre de químicos. Los agricultores orgánicos buscan la armonía en sus tierras con técnicas tradicionales como son los abonos de desechos orgánicos como el compost de estiércol, los repelentes naturales a base de plantas y el fortalecimiento de las variedades locales, que con estas técnicas se vuelven menos vulnerables a plagas y enfermedades.
Al contrario de la competitividad en números que busca la agricultura convencional, la tradicional se centra en que los recursos sean sostenibles, en que el agricultor produzca menos pero mejor y con lo que tiene a mano, la naturaleza.
No significa, sin embargo, que no existen mercados provechosos para estos productos. Todo lo contrario.
En Panamá, la agricultura orgánica en su vertiente comercial, como proceso por el cual se obtiene una certificación, se practica desde hace 15 años sin grandes resultados. Son pocos los productores nacionales que están certificados y es uno de los problemas que intenta corregir el movimiento orgánico nacional, ya que sin las debidas certificaciones se cierran las puertas de venta a los países compradores de estos productos.
El movimiento nacional está liderado por APAO (Asociación Panameña de Agricultura Orgánica), que el pasado 30 de agosto tuvo su primera asamblea constituyente donde se aglutinó por capítulos a todos los productores orgánicos del país.
Eric Concepción, Presidente de APAO y productor orgánico desde hace 10 años, reconoce que la situación actual para muchos de los orgánicos es de abastecimiento a pequeños mercados regionales y de mantener una agricultura de subsistencia.
Entre tanto se busca certificar a los agricultores que cumplen con los requisitos y agilizar a aquellos que están en fase de transición. Las certificadoras internacionales cualificadas requieren de los agricultores un mínimo de tres años sin utilizar químicos para empezar un proceso de certificación.
En nuestro país se cuenta con algunos productos certificados como el noni de Colón y Bocas del Toro las hortalizas de GORACE, Grupo Orgánico de Cerro Punta; el cacao de COOCABO, Cooperativa de Cacao de Bocas del Toro y algunos productores de café en Boquete.
Más detalles en http://www.pa-digital.com.pa/granjas.

 

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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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