El siniestro comenzó como a la 1: 00 a.m., del pasado martes, en el sector C de Viejo Veranillo. Los gritos de los vecinos que súbitamente abandonaron las habitaciones los despertaron junto con el ruido de las llamas que cubrían todo el vencindario con grandes lengüetadas de fuego.
"Al momento del incendio nosotros nos encontrábamos durmiendo. Me levanté de inmediato porque escuché mucha bulla. Cuando salí el fuego estaba en la parte de atrás, posteriormente, regresé y levanté a mi esposo para escapar", cuenta Kennedy visiblemente emocionada en el improvisado centro de asistencia de Viejo Veranillo.
En un momento tuvo que decidir sobre sus pertenencias o la vida de su compañero, quien tiene problemas con la visión. En ese instante de ir y regresar se perdió todo, como en un abrir y cerrar de ojos. Lo que tanto se había ahorrado para mejorar las condiciones de vida, se esfumó en medio del humo y de las llamas.
Una historia triste, pero con un profundo sentido humano. La señora calcula que sólo ella, perdió cerca de mil balboas en pertenecias. Pero el dinero no lo es todo en la vida.
Con este siniestro, la señora Kennedy ha logrado sobrevivir a dos peligrosos conatos de incendios. En el primero, en el año 2003, sucedió en la Magnolia, en el sector de Calidonia, donde también entró en la categoría de damnificada.
Zoilo, por el contrario, quien se encontraba platicando en medio de la muchedumbre damnificada, no se dio cuenta de nada, salvo cuando se encontraba fuera de peligro. Cuando el fuego llegó a su residencia, la casa número 32, únicamente pudo contemplar cómo el fuego hacía de las suyas con la madera.
Anteriormente la casa de Zoilo, construida en 1971, era una cantina para el esparcimiento de los beodos que se daban cita para beber licor.
Luego de convertirse al evangelio y pasar al rango de predicador, logra hacerle mejoras y alquila un cuarto para obtener una ganancia adicional de 45 balboas por mes.
La casa valorada en más de 5 mil balboas había pasado a convertirse en una iglesia (en su primer nivel) y área residencial (en su segundo nivel). Dentro de los bienes de su patrimonio, lo que más lamenta es que se hayan quemado las bocinas que se utilizaban para la predicación de la Palabra de Dios.
"No saqué nada de pertenencias. No hubo tiempo para eso, incluso, el suéter que tengo puesto me lo prestó un vecino, así que puede imaginar en qué condiciones salí de allí", agregó.
Sin embargo, a pesar de la preocupación que reinaba en medio del ajetreo con los funcionarios de la Junta Comunal y los damnificados, para levantar un expediente de prioridades, Zoilo es renuente a aceptar una reubicación.
Todo lo deja en manos de Dios, mientras su esposa clama por una ayuda material que le permita volver a reedificar su casa de bloque.
A pesar del siniestro los niños permanecen sonrientes y no pierden la esperanza de seguir adelante.
Las familias se encuentran en un centro de asistencia.
Hasta la fecha el Ministerio de Vivienda ha reubicado más de 213 familias afectadas por derrumbes e incendios.