Esto llama la atención a simple vista. Fábrega reside en Vacamonte, Chumical, en el lado Oeste de la ciudad y diariamente se traslada en autobús a su puesto de trabajo que queda al frente de los edificios multifamiliares, construidos en la década de los 90, y estigmatizados por su alta peligrosidad.
"Me siento muy orgullosa de estar trabajado -dice ella, sonriendo-, porque hay ocasiones en que los clientes me pregunta si tengo miedo de hacer lo que hago, pero yo les respondo que no, debido a que las personas de aquí me conocen muy bien".
Además de atender el suministro de combustible, de reparar las necesidades de los automóviles: chequea el aceite, limpia el parabrisas y revisa el aire de las llantas; ella es responsable de efectuar el arqueo de la caja menuda y se convierte en la mano derecha del propietario. Es una experta que no siente diferencia entre una y otra labor, porque ambas las concreta con mucha responsabilidad.
Ella es madre de tres hijas adultas. Decidió trabajar en la estación de gasolina porque no tenía empleo y, en vez de quedarse en casa haciendo los oficios domésticos, aceptó el empleo, y ya tiene seis años de estar laborando.
Así ha logrado convertirse en la primera mujer kuna que despacha combustible a nivel de toda la República, un mérito que comparten sus paisanos que ven con buenos ojos que una dama haga las actividades que son acostumbradas de varones.
"Ellos (los indígenas) a mi no me reprochan nada de los que hago -recalca la señora-, al contrario se sienten orgullosos de que los represento. A pesar de que la mujer kuna es más conservadora que las propias latinas".
Fábrega no le tiene temor a los turnos rotativos y a las situaciones donde ha tenido que prolongar la jornada laboral, ya que le mete empeño a lo que ella considera una de sus pasiones, su propio empleo.
"A veces mi turno es de 1: 30 de la tarde a 9: 30 de la noche. Mientras que en la mañana, el horario cambia de 5: 30 de la mañana a 1: 30 de la tarde, y llego temprano sin ningún problema, en vista que no siento la diferencia", recalca ella.
En cuanto a la remuneración extra que ella recibe, dice que ha logrado propinas que van desde 25 centésimos hasta cinco balboas, pero "todo depende del trato con que uno se dirija al cliente, ya que hay que atenderlo bien para que las cosas, igualmente, salgan bien". Sin embargo, lo más difícil que le ha resultado en su labor, es comprender cuando los precios del combustible se disparan y las personas compran más gasolina. Una situación que resulta para todos, una paradoja.