Washington-Mientras en la OEA y la Asamblea Legislativa de Panamá se discute el destino de Vladimiro Montesinos, el embajador panameño en Washington, Guillermo Ford, tomó la iniciativa ayer para detener la espiral de desacuerdos y malentendidos que se ciernen sobre las relaciones de su gobierno con Estados Unidos.
A pocas horas después que la Asamblea Legislativa aprobó dos nuevas leyes para combatir el lavado de dinero (uno de los puntos contenciosos para Estados Unidos), el diplomático tuvo una entrevista a puertas cerradas con el subsecretario adjunto de Estado para Asuntos Hemisféricos, Peter Romero.
Después de una reunión que duró casi una hora, Ford se mostró satisfecho. "Fue una conversación franca y abordamos muchos problemas", señaló el embajador en una breve conversación con este corresponsal después de una entrevista con el Departamento de Estado.
Ford no quiso entrar en más detalles antes de la reunión, pero una fuente diplomática de otra embajada informó a El Panamá América que el embajador panameño se sentía frustrado por la falta de resolución de una serie de problemas pendientes con el gobierno del presidente Bill Clinton, que ya será reemplazado el próximo mes de enero.
No se sabe aún si Romero iba a informar a Ford que el secretario general de la OEA, César Gaviria, estaría a punto de convocar una reunión de emergencia de cancilleres en Washington para considerar la crisis peruana, en cuyo caso inevitablemente surgirá el tema del destino de Montesinos.
Sin embargo, este corresponsal se enteró que Gaviria había hablado con varios cancilleres sudamericanos el lunes desde Quebec, donde se reunió con miembros del Consejo Permanente de la OEA y altos funcionarios canadienses para planear la próxima Cumbre de las Américas que se realizará en esa ciudad francoparlante el próximo abril.
La cita con Romero fue solicitada por Ford hace por lo menos una semana, al igual que una reunión con Arturo Valenzuela, el director del departamento de Latinoamérica del Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca, con quien tiene una cita hoy.
El embajador se preparaba a informar a Romero de los dos proyectos de ley aprobados el lunes por el pleno legislativo panameño y que espera que Washington apoye ante el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) reunido actualmente en Madrid.
Desde que el departamento de Estado, junto con el secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA) hicieron un extraordinario esfuerzo conjunto para lograr que Panamá recibiera a Montesinos, el ex-asesor del presidente Alberto Fujimori del Perú, corren rumores de que Estados Unidos se comprometió a defender al gobierno panameño ante los otros miembros del GAFI, con el fin de que sea removido de la lista negra. Pero eso nunca se pudo verificar.
La gran incógnita que se discute en los corredores de la OEA es si la remoción de Montesinos fue de tal importancia para lograr la estabilidad política en Perú, tras el escándalo alrededor de su aparente tentativa de sobornar políticos de oposición y la subsiguiente decisión de Fujimori de llamar a nuevas elecciones, porqué fue Panamá el único país indicado para asilar a ese curioso personaje acusado de corrupción, torturas y asesinato.
Tampoco la delegación de España ante la OEA pudo ofrecer una explicación, aunque el canciller de ese país aparentemente dejó deslizar que había entablado conversaciones con Marruecos para un eventual asilo a Montesinos en ese país africano.
"Pero entendemos que Montesinos se queda en Panamá", estimó una funcionaria de la delegación.
Preguntado de dónde sacó la información, la funcionaria precisó: "Nos dicen que Panamá es un país generoso con el asilo diplomático".
Informado que la presidenta Moscoso llegaba hoy a Madrid (porque lo ignoraba), un portavoz de la delegación señaló: "Sabemos que el canciller está dispuesto a ayudar a Panamá, pero no tenemos ninguna información de cómo están saliendo las conversaciones con Marruecos".
Parece que tampoco ha habido una real toma de conciencia en Washington de los problemas que se desataron en la Asamblea Legislativa para el canciller panameño, José Miguel Alemán, los esfuerzos de Gaviria, Estados Unidos y seis gobiernos sudamericanos para que rectifique la decisión de su Consejo de Gabinete que le hubiera negado la entrada el ex-jefe del controvertido Servicio de Inteligencia del Estado (SIN) peruano.
En tanto, fuentes del gobierno aquí aplaudieron la acción del legislativo panameño con respecto al lavado de dinero.
No obstante, un funcionario señaló que sin un minucioso análisis del texto de los proyectos de ley no le era posible opinar sobre la posibilidad de que con estas leyes, Panamá será eliminado de la lista negra en la que se le incluyó como país que no coopera en la lucha contra el blanqueo de dinero.
"Además", añadió, "no basta con aprobar una ley, lo importante es poder demostrar con hechos concretos el funcionamiento de un sistema bancario transparente y honesto para poder ser eliminado de las tantas listas negras en las que figura".
Ese comentario poco amistoso refleja una actitud que ha permiado el diálogo entre los dos países desde que Panamá hace un par de meses rechazó entrar en un acuerdo con Estados Unidos, llamado "fuerzas visitantes" que permitiría que militares de ese país pudieran portar armas mientras permanecieran en la república ístmica, con el fin de cooperar en la campaña antidrogas.
Por otro lado, el gobierno panameño está molesto por la falta de progreso en el polémico tema de la limpieza de los polígonos de tiro, por lo cual solicitó que el tema fuera incluido en el temario de la próxima Asamblea General de las Naciones Unidas.