A finales de 1989, las Fuerzas de Defensa se encontraban divididas, debilitadas y carentes de comando central efectivo. Meses, semanas, días y horas previas a la invasión, la artillería liviana y otras armas pequeñas fueron retiradas de los cuarteles y sitios designados por órdenes de oficiales panameños que trabajaban para la inteligencia de Estados Unidos. Parte del desarme militar fue responsabilidad del general Noriega, temeroso de un nuevo golpe. Pero la artillería restante fue retirada por artimañas de la inteligencia gringa. Los oficiales del Estado Mayor en su mayoría no presentaron combate, y la poca resistencia de esa entidad estuvo a cargo de tenientes, sargentos, cabos, rasos y simples policías. La mayor resistencia recayó sobre los Batallones de la Dignidad y Codepadis, civiles voluntarios a quienes se les dio un entrenamiento pobre y deficiente.
La invasión del 20 de diciembre fue catalogada como la operación bélica más importante de Estados Unidos después de la guerra de Vietnam.
LAS MENTIRAS DE BUSH SOBRE LA INVASION
En la mañana del 21 de diciembre, el presidente Bush explicó las razones de la invasión: para (1) proteger a ciudadanos norteamericanos; (2) salvaguardar los Tratados y proteger el Canal; (3) capturar y conducir a Noriega ante tribunales de Estados Unidos; (4) restaurar la democracia en Panamá. Pero era evidente-como declaró el ex jefe del Comando Sur, Fred Woerner--que ni los tratados ni los ciudadanos estadounidenses corrían peligro alguno. Por otra parte, Estados Unidos no tenía capacidad legal para apresar a Noriega, porque esto no lo permitía ningún tratado o el derecho internacional. Además, como manifestara el ex agente de la CIA, Philip Agee, a raíz de esta invasión, no es política de Estados Unidos intervenir militarmente para restaurar la democracia y, en todo caso, Panamá siempre ha sido dominado por un grupo de familias. Thomas Pickering, embajador de Estados Unidos en las Naciones Unidas, manifestó que su país invadió a Panamá "en defensa propia", porque desde territorio panameño se enviaban drogas a Estados Unidos. Un argumento tan ridículo como inaceptable.
El gobierno norteamericano había invocado, como razón para invadir, que las Fuerzas de Defensa habían "asesinado" a un marino cuando el auto en el que viajaban se encontraba "extraviado". La verdad es otra: el marino y sus acompañantes formaban parte de un equipo de tareas especial perteneciente a la inteligencia naval norteamericana al cual se le había asignado la tarea de provocar abiertamente a los militares panameños para encontrar un pretexto. En un auto alquilado y repleto de armas, los marinos (conocidos como los "hard chargers"), rebasaron un retén de las Fuerzas de Defensa en el perímetro del Cuartel Central; hicieron caso omiso a la señal de alto y dispararon contra el edificio principal, hiriendo a varias personas, entre ellos, a un niño. Los militares panameños respondieron legítimamente al ataque. Sin embargo, la muerte del marino (un colombiano), no fue reportada en Washington conforme a los procedimientos usuales.
El presidente Bush acusó a las Fuerzas de Defensa de haber agredido a un teniente de la marina y de manosear su esposa, detenidos cuando rondaban por el Cuartel Central a la hora del incidente citado. Sin embargo, la Dirección de Relaciones Públicas de la institución negó públicamente al día siguiente haber arrestado a la pareja.. Pero el "incidente" sirvió para enardecer a la opinión pública en Estados Unidos y el extranjero en contra de Noriega.
El presidente Bush dijo que "este presidente" no iba a tolerar el atropello a ciudadanos norteamericanos, mucho menos amenazas a mujeres norteamericanas. Sin embargo, "este presidente" (Chomsky dixit) no hizo ni dijo absolutamente nada cuando varias monjas norteamericanas fueron violadas y asesinadas meses antes en El Salvador o cuando una monja norteamericana (Diana Ortiz), pocas semanas antes de la invasión a Panamá, fue secuestrada, torturada y violada por la policía guatemalteca. "Este presidente" tampoco protestó cuando, el 1" de enero de 1990 (a sólo 10 días de la invasión) dos monjas norteamericanas fueron asesinadas por terroristas organizados por Estados Unidos en Nicaragua, etc., etc.
Las maniobras psicológicas ejecutadas en Panamá bajo los servicios de inteligencia norteamericanos fueron exitosas. Una semana después de la invasión, "los militares norteamericanos enviaron a cientos de especialistas en guerra psicológica a Panamá "para difundir mensajes de propaganda pronorteamericana por todo el país" en una campaña para "reforzar la imagen de los Estados Unidos" y "para imprimir la influencia norteamericana en casi todas las fases del nuevo gobierno", informa la prensa. "Estos muchachos son...muy sofisticados en los aspectos psicológicos de la guerra-dijo un oficial del ejército. Trabajan en propaganda."
MORDAZA A LA PRENSA NACIONAL E INTERNACIONAL
Contrario a Vietnam, la prensa internacional (la de Estados Unidos en particular) no estuvo presente en el escenario porque no se les permitió. Los periodistas fueron retenidos en el Comando Sur en Quarry Heights, y solamente cuando todo hubo terminado y luego de borrar las huellas más importantes de la carnicería, se les llevó en recorridos guiados. Ello impidió que el mundo conociera los crímenes de guerra y otras atrocidades cometidas por las tropas norteamericanas. La prohibición de la prensa internacional fue ordenada por el Secretario de Defensa, Dick Cheney, en violación de reglamentos del Pentágono y la Constitución, por considerar contraproducente su presencia en campos de "batalla" (ecos de Vietnam). Cheney, candidato a la vicepresidencia bajo el joven George Bush, se opuso y se opone a la desclasificación de documentos secretos sobre operaciones militares. ¿Por qué será?
CRIMENES DE GUERRA
Considérese, por ejemplo, que Estados Unidos bombardeó áreas densamente pobladas en medio de la oscuridad; que sus tropas combatieron y dispararon indiscriminadamente la mayor parte de las veces; que los aviones erraron frecuentemente sus blancos (los F-117, por ejemplo) y destruyeron objetivos civiles; que miles de residencias fueron incendiadas por militares de Estados Unidos. A raíz de la inexperiencia de muchos soldados jóvenes y de la decisión tomada por el general Maxwell Thurmann (el "loco Max", apodo de Vietnam), quien no escatimó víctimas inocentes, miles de panameños no combatientes sucumbieron: miles de muertos y heridos, muchos de cuyos cadáveres fueron destruidos y desaparecidos para borrar evidencias. Thurman seguía órdenes de otro enloquecido general: Colin Powell, Jefe de la Junta de Jefes de Estado Mayor, cuyos criterios operativos ordenaban sobresaturar con incomparables fuerzas al pequeño Panamá, ordenando arrasar con una capacidad para sobrematar ("overkill") al enemigo. Colin Powell es el candidato para la Secretaría de Estado si gana el joven y analfabeto George W. Bush.
Las fuerzas norteamericanas penetraron en el principal hospital del país-- el Santo Tomás-- adonde fueron llevadas cientos de víctimas; tomaron control de todas sus, prohibiendo la entrada de algunos médicos por razones políticas y maltratando a otros; retiraron del hospital todos los registros existentes, por lo que no se sabe a ciencia cierta cuántos ni cómo murieron y cuántos quedaron heridos, como tampoco el tipo de armas o municiones utilizadas. La inmensa mayoría de las víctimas la constituían civiles inocentes que no participaban en los combates. Quemados, heridos, cortados, destrozados, carbonizados, muchas murieron víctimas de la barbarie del ejécito más poderoso de la Tierra.
ASESINATOS PERPETRADOS POR MILITARES DE EU
Pero existen suficientes testimonios en libros publicados en Panamá y otros países que demuestran no sólo cómo murieron combatientes y civiles inocentes sino que, además, acusan a las fuerzas norteamericanas de cometer crímenes de guerra. Dichas publicaciones nos indican que dichas fuerzas:
Mataron a muchos civiles inocentes en sus residencias.
Mataron a muchos civiles inocentes por la espalda, mientras descendían de sus casas en medio de la oscuridad.
Mataron y remataron a miembros de las Fuerzas de Defensa y de los Batallones de la Dignidad que habían sido heridos previamente.
Impidieron brindar asistencia médica a los heridos en las calles y residencias, dejándolos morir sin remedio.
Mataron a heridos que recibían atención médica en hospitales, clínicas y centros.
Mataron a prisioneros de guerra dentro de centros de retención.
Mataron a combatientes que ya se habían rendido, con las manos en alto, luego de dárseles garantía de respetarles la vida.
Mataron a muchos civiles inocentes, atrapados en sus autos, que fueron aplastados por tanques y tanquetas de las fuerzas invasoras.
Mataron a muchos soldados y policías mientras dormían y que no presentaron combate, sin dárseles oportunidad de rendirse.
Mataron a mujeres después de violarlas.
Mataron a muchas personas por simple sospecha o nerviosismo.
Mataron a muchas personas dentro de sus autos porque se salieron de la fila en los retenes; porque los agresores se pusieron nerviosos; porque tuvieron "problemas de comunicación"; porque no hicieron un alto o no cumplieron órdenes "en inglés".
Mataron a muchas personas por "error" o por simples ganas de matar, sin explicación ni justificación.
Maltrataron, golpearon y torturaron a prisioneros de guerra.
A los anteriores asesinatos, considerados como los más graves crímenes de guerra según los tratados internacionales, habría que añadir otros que tampoco son justificables ni perdonables. Los hechos demuestran que las fuerzas invasoras destruyeron miles de viviendas de gente humilde, que quedó en total desamparo. Cientos de personas sufren aún severos traumas psicológicos y fisiológicos que las han inhabilitado, al punto de que quedaron incapacitadas. Muchos embarazos fueron malogrados. Miles de hijos de las víctimas sufren el síndrome de la desintegración familiar por la desaparición de quienes constituían el sustento en el hogar y muchos son ahora delincuentes por esa razón.
Las fuerzas invasoras destruyeron numerosos edificios e instalaciones civiles y equipos pertenecientes al Estado y al pueblo panameños, cuyo valor alcanza quizás miles de millones de dólares. Las fuerzas invasoras se llevaron valiosos botines de guerra, desde las armas y equipos de las Fuerzas de Defensa-muchos de estos nuevos-hasta las armas del "Pía Vesta" y las computadoras del G-2 de esta institución. Las fuerzas invasoras incautaron miles de cajas llenas de documentos. Saquearon muchas riquezas del país, como piezas arqueológicas ireemplazables, joyas precolombinas, tesoros artísticos. Se llevaron la primera bandera nacional. Existen testimonios de personas a quienes las tropas norteamericanas despojaron de joyas, dinero y pertenencias de todo tipo, aparte de que les dejaron enormes cuentas en llamadas de larga distancia a Estados Unidos.
Miles de personas no combatientes fueron arrestadas y retenidas en campos de concentración durante largos períodos de tiempo tan sólo por el hecho de pertenecer al partido político gobernante, por ser funcionarios del gobierno, por simple sospecha o necesidad de prevención o por puro terrorismo de Estado, sin que hubiesen formalmente cargos contra estas personas.
Todos los medios de comunicación (prensa, radio y televisión)--salvo los colaboradores-- fueron intervenidos por las fuerzas invasoras y sometidas a estricta censura, y la totalidad del país fue sometida a un régimen de ocupación violatorio del Derecho Internacional.
Las fuerzas norteamericanas cercaron las embajadas de Cuba y Libia y penetraron en la residencia del embajador de Nicaragua; atropellaron a diplomáticos deesos países, en flagrante violación de la inmunidad diplomática y el derecho de asilo.
NUEVO GOBIERNO TOMA POSESION EN UNA BASE GRINGA
Un gobierno, integrado por la oposición a Noriega y que reclamó el poder, fue juramentado en una base militar norteamericana horas antes del inicio de la invasión. Dicho régimen de facto fue instalado y protegido por varios años por las fuerzas invasoras, a pesar de que todo ello constituía una descarada violación de la Carta de la Organización de Estados Americanos (O.E.A.), de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y del Derecho Internacional.
A raíz de la agresión, tanto la O.E.A. como la Asamblea General de la ONU condenaron la invasión e instaron a las fuerzas de Estados Unidos a retirarse de Panamá inmediatamente, lo cual, por supuesto, no ocurrió, y urgieron a los panameños a ponerse de acuerdo para llamar a nuevas elecciones bajo supervisión internacional, lo que, por supuesto, tampoco se llevó a cabo por la prepotencia del gobierno de Estados Unidos. Inglaterra y Canadá votaron a favor de la invasión, y otros tantos se abstuvieron. En el Consejo de Seguridad, la resolución que condenaba la invasión recibió el triple veto de E.U., Inglaterra y Francia (miembros de la OTAN). El Salvador fue el único país de Latinoamérica que votó en contra de la resolución que condenaba la invasión. ¿Por qué habra sido?
Haciendo gala de su control sobre los medios de comunicación internacionales, Estados Unidos propaló la versión de que no hubo muchas víctimas inocentes ni daños colaterales que lamentar. Se capturó a Noriega y con ello-dijeron--se dio un golpe certero a los narcotraficantes. Pero, el narcotráfico aumentó, al igual que el consumo del drogas ilícitas en Panamá.
Durante los dos años que duró el estado de ocupación, ocurrieron muchos incidentes violatorios de los derechos humanos de la población y aumentó el tráfico y el consumo de drogas en Panamá, que era mucho menor antes. Noriega fue condenado a 40 años de prisión luego de un juicio ilegal en muchos aspectos que careció de evidencias sólidas. Carlos Lehder, quien declaró contra Noriega a cambio de una reducción en su pena, después se retractó admitiendo que había mentido. Ricardo Bilonick, el "testigo dinamita" que decían tener los fiscales contra Noriega, lo consiguieron mediante un trato con el Cartel de Cali, que primeramente amenazó a Bilonick y luego lo compró por cientos de miles de dólares a cambio de un "favor" que Estados Unidos le hizo a dicho Cartel.
En agosto de 2000, los capos del Cartel de Medellín declararon en Colombia que Noriega realmente nunca permitió el uso de Panamá como puente del narcotráfico, aunque sí toleró el lavado de dinero, contradiciendo la propaganda de guerra y las acusaciones de Estados Unidos.
En la invasión hubo muchas más víctimas que en la Plaza de Tiennamen y que en el derrocamiento de Ceausescu en Rumania. Sin embargo, mientras miles de panameños morían y el resto veía la destrucción de su soberanía y de su país, ninguno de los crímenes cometidos por la más grande "democracia" del mundo en Panamá aparecieron en las pantallas de los televisores del "mundo libre", concentrados en las "atrocidades" de "tiranos comunistas"!
Como fruto de la invasión, Japón disminuyó su presencia bancaria y financiera y sus inversiones en Panamá de manera drástica, y su influencia en la Comisión Tripartita para el Estudio de las Alternativas al Canal decreció de manera significativa. En la década de los noventa no se ha mencionado la participación de Japón en el nuevo Canal.
PERSPECTIVAS, ONCE AÑOS DESPUES
La decisión de desestabilizar a Panamá data de fines de 1985, pero la orden fue dada en el Consejo de Seguridad Nacional norteamericano en la primera semana de abril de 1986. Tanto las agresiones e intervenciones anteriores al 20 de diciembre como la invasión de esta fecha no han sido castigadas como lo exigen la Carta de las Naciones Unidas, tratados internacionales que rigen la materia y el Derecho Internacional, y han quedado impunes, a pesar de que Estados Unidos es responsable de numerosos crímenes de guerra y debe indemnizar a Panamá por la totalidad de los daños.
Ningún gobierno "panameño" ha tenido siquiera el interés de crear una comisión que investigue los diversos aspectos de la invasión. No sabemos cuántos muertos, heridos y desaparecidos ocasionó la invasión. No ha habido una reclamación oficial al gobierno de Estados Unidos por la destrucción de la economía y de propiedad nacional y estatal, mucho menos por las víctimas. Ni siquiera se han atrevido a declarar el 20 de diciembre como Día de Duelo Nacional. Ninguno de los partidos políticos ha querido arriesgar su futuro revolviendo este tema, pero este hecho vergonzoso significa que los partidos y sus líderes no representan ni defienden a la nación panameña. Exijamos, pues, la constitución de una Comisión de Investigación sobre la Invasión a Panamá y una Comisión de Reclamaciones al gobierno de Estados Unidos que determine la responsabilidad legal y y la cuantía financiera de la indemnización.
Al parecer, la clase política panameña carece de decoro. "Ver un crimen en silencio es cometerlo," dijo José Martí.
ULTIMA DE TRES ENTREGAS
Ex asesor de política exterior, ex agente de Panamá ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, catedrático de Relaciones Internacionales.