Nación

Fundamentos para el desarrollo económico de Panamá


Aunque en estos días la atención de la sociedad panameña se concentra en la crisis coyuntural que vive el país, conviene no perder de vista el mediano y largo plazo en la definición de los requisitos fundamentales para el logro de un desarrollo económico sostenido. Este escrito pretende hacer algunos señalamientos que considero esenciales en la formulación de una visión del desarrollo económico a sabiendas que caeré en lugares comunes que no por ello son menos importantes.
ECONOMIA DE MERCADO
Debo empezar diciendo que ahora que los sistemas colectivistas de la antigua Unión Soviética y de la China Popular han fracasado, no queda duda que sólo dentro de una economía de mercado puede un país lograr progreso material sostenido. Aunque sea difícil para algunos cuya formación está marcada por conceptos socialistas o estatistas, es necesario aceptar que sólo entendiendo el funcionamiento de una economía de mercado y respetando sus requisitos y condiciones se puede lograr un país viable en lo económico, condición esencial para una democracia liberal con progreso social. Desdichadamente vemos hoy actuaciones tanto del Ejecutivo como del Legislativo reñidas con estos principios, lo que indica que todavía nuestros grupos políticos no han aceptado enteramente estos postulados en perjuicio del avance material de nuestro país. Desde el cono sur hasta México -con muy pocas excepciones- los gobernantes han entendido que sólo manejándose dentro de las posibilidades, limitaciones y requisitos de una economía de mercado pueden lograr el progreso económico de sus sociedades. Ojalá que una mayor educación sobre estos temas y los resultados fallidos de decisiones económicas desatinadas eliminen en las mentes de muchos de los que nos gobiernan resabios ya superados en otros lares.
CRECIMIENTO ECONOMICO
Aunado a lo antedicho, se debe también entender que el crecimiento económico vigoroso es condición esencial para lograr el progreso social y la viabilidad política dentro de un sistema de democracia liberal. Sin crecimiento económico, sin aumento satisfactorio de la producción de bienes y servicios, no podemos atacar exitosamente el problema de la pobreza, ni tendrá el Estado los recursos necesarios para invertir en los sectores sociales. Estudios recientes muy bien fundamentados concluyen con evidencia contundente que el crecimiento económico ayuda por igual a los más pobres que a los segmentos de ingresos medios y altos. Antes se creía que el aumento en la producción llenaba primero el vaso de los ricos y lo que rebasaba llegaba a los pobres; hoy sabemos que se trata más bien de una ola que eleva por igual a todos los grupos de la sociedad.
Para lograr superar el estado de subdesarrollo en que nos encontramos deberíamos crecer sostenidamente al 6% ó 7% anual. En los últimos años, el crecimiento de nuestra economía, eliminando alzas y bajas, ha rondado en el 3% o sea la mitad de lo que se requiere para sacar a nuestra población del subdesarrollo y la pobreza. Durante los años cincuenta y sesenta, Panamá estaba entre los primeros en la América Latina en crecimiento económico: se hablaba entonces del milagro de Panamá. Por factores externos e internos, la economía crecía en una forma verdaderamente sorprendente, logrando el ingreso per cápita más alto en América Latina, sólo superado por Argentina, Uruguay y la Venezuela de la bonanza petrolera. Hoy en día después de 30 años, Panamá se encuentra por debajo del promedio de la América Latina en ingreso per cápita, lo que dice de la imperiosa necesidad de implantar y mantener políticas económicas sanas, crear un marco institucional y legal adecuado y buscar ávidamente fuentes nuevas de crecimiento a lo que parcialmente nos referiremos más adelante.
TAMAÑO Y AMBITO DEL ESTADO
Junto a los dos puntos antes elaborados, está la impostergable necesidad de reducir el tamaño y el ámbito del Estado panameño. Durante los 30 años de régimen militar, el Gobierno Central y las entidades autónomas crecieron incesantemente cual tumor canceroso. El constante aumento en el endeudamiento (que resultó en una de las deudas públicas per cápita más alta del mundo) y el deseo de los militares de lograr una clientela política a través del empleo público, nos legaron un Estado hiperdimensionado con una extensa e innecesaria burocracia.
Estas circunstancias producen tres efectos perniciosos. En primer lugar consume enormes recursos que podrían utilizarse en urgentes inversiones públicas o en programas sociales dirigidos a mejorar el nivel de vida de los más pobres. El Gobierno pudiese trabajar con 30,000 funcionarios menos- no solamente manteniendo su nivel de efectividad sino aumentándolo- lo que crearía una disponibilidad no menor de $400 millones anuales, suma que es mayor de lo que se invierte en inversiones públicas anualmente. Lo anterior dimensiona la enorme magnitud del subsidio que la sociedad proporciona a las miles de posiciones superfluas en el aparato estatal, subsidio que es de carácter político y que no llega a los panameños más pobres, sino a los estratos medios de nuestra población.
En segundo lugar como realmente no hay trabajo para tanta gente, se inventan posiciones innecesarias y nuevos trámites y requisitos burocráticos para justificar los puestos superfluos. Esto en parte explica la maraña interminable y agobiante de procedimientos, requisitos y trámites que enfrentan los que trabajan en el sector privado ( ¡y aún en el sector público!) y que representan un costo enorme para la sociedad, mucho mayor que los 400 millones de balboas antes mencionados.
El tercer efecto pernicioso del crecimiento canceroso del Estado y muy ligado al punto anterior, es que la multiplicidad de trámites y permisos, aunado a salarios en ciertos casos bajos y a una cultura de corrupción imperante, produce las consabidas coimas que se encuentran por doquier en nuestro aparato público: desde el policía de tránsito o el inspector municipal, hasta funcionarios encorbatados que trabajan en las oficinas refrigeradas de los ministerios y entidades autónomas.
CULTURA POLITICA Y CORRUPCION
La proliferación de puestos innecesarios es parte de una cultura política corrupta y perniciosa que afecta todo el tejido de nuestra sociedad. Por un lado, el político se cree con el derecho natural de nombrar a sus parientes, amigos y partidarios y por otro, la población que participa directamente de la actividad política, acepta y se beneficia de este clientelismo y la sociedad en general lo tolera resignadamente. Un legislador tuvo el descaro de decir públicamente que a todo miembro del cuerpo legislativo se le debieran permitir unos treinta o cuarenta nombramientos para "ayudar" a los que lo apoyaron. Claro está que quien llega a un puesto público en esta forma sabe que su permanencia depende de sus lazos políticos y no de su desempeño en el trabajo y eso desmoraliza hasta al funcionario más bien intencionado e idealista.
En general, los que buscan el poder en Panamá llegan a él no para servir a la Nación sino para servirse de ella: el que menos, logra el nombramiento de sus parientes o allegados, el que más, se llena los bolsillos con canonjías, jugosos contratos, embajadas o consulados donde se hace fortuna, u otorgando privilegios a allegados a cambio de millonarias coimas o participaciones accionarias. El de abajo piensa - con toda justificación- que si el de arriba se llena los bolsillos con millones, él también tiene derecho a coger su tajada.
Esta cultura produce un estado depredador que no sólo afecta el crecimiento económico, sino que carcome todo el tejido de nuestra sociedad produciendo también la horrible imagen que tiene Panamá en el mundo, de un pequeño país donde la corrupción reina por doquier y donde todo panameño tiene su precio.
Sólo los ciudadanos, los gobernados, podemos cambiar esta situación. Medios independientes como La Prensa,


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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