El candidato a legislador por el Partido Arnulfista (PA), Sergio Gálvez, aseguró ayer que el aspirante a la Alcaldía de Panamá por este colectivo, Marco Ameglio, "puede llenar el vacío que él ha dejado", tras declinar en su intención de ocupar la comuna capitalina.
Gálvez, en declaraciones al programa Diálogo de la periodista Luz María Noli, señaló que su declinación se dio por la institucionalidad del PA y para que no hubiera división y no convertirse en la manzana discordante.
Explicó que cuando miembros del directorio del PA le mencionaron a Marco Ameglio, lo consideró y decidió declinar de su aspiración y buscar la armonía a lo interno del partido.
Al hacer un análisis de la figura de Marco Ameglio como contendor de Juan Carlos Navarro, Gálvez señaló que al actual alcalde no le va a ser nada fácil. "Marco Ameglio, puede llenar el vacío que yo he dejado y vamos a caminar con él, porque este es un asunto institucional y no de figura", recalcó.
Precisó que en la Alcaldía de Panamá el trabajo no solamente es recoger basura, sino ver qué hay detrás de las basura, ni solo son las bonitas paradas de buses, sino ver qué hay detrás de esas bonitas paradas.
A su juicio, hay problemas más sensitivos y profundos de los que el actual alcalde no ha querido responsabilizarse y se ha hecho de los oídos sordos para no solucionarlos.
Según el legislador, detrás de la recolección de la basura, de las paradas y del desfile de Navidad, hay otras cosas y le corresponderá a Ameglio, de ganar la Alcaldía, encargarse de buscar y estudiar cómo se dieron esas concesiones y esas licitaciones.
Sostuvo que en lo que Navarro sí se ha manejado bien es en la televisión, engañando a este pueblo a través de los medios de comunicación. "También habría que ver a cuánto asciende el presupuesto que se está utilizando en publicidad en el Municipio de Panamá", señaló.
Gálvez además se comprometió de ser reelecto a asistir frecuentemente a la Asamblea Legislativa, sin embargo, precisó que hay que hacer una ley que obligue a todos los legisladores a vivir en su circuito electoral.
Cada dos horas estos barcos emiten una señal indicando el lugar exacto en que se encuentran y el estado de su maquinaria.
En alta mar todas las puertas de acceso a lugares sensibles o a las bodegas de carga están cerradas para evitar alguna incursión no autorizada.
Además, estas naves tienen un sistema especial para detección y extinción de incendios. En caso de que se registre un siniestro de gran magnitud, se pueden inundar todos los depósitos de carga y los barcos seguirán a flote, asegura la PNTL.
Según las empresas que tienen que ver con este material radiactivo, por el Canal transitan diariamente cargas más peligrosas, como combustibles, sustancias químicas y hasta productos comestibles, y la ciudadanía ni siquiera se entera.
Con las medidas de seguridad que exigen organismos internacionales y la supervisión de los grupos ambientalistas, la producción, transporte y destrucción de estos peligrosos materiales debe ser más segura, para que todos "podamos dormir tranquilos".
¿Por qué reciclar estas sustancias peligrosas? Sencillo, el combustible nuclear después de 3 ó 4 años de estar en un reactor pierde el calor indispensable para producir electricidad, por lo que es necesario reprocesarlo con el fin de rescatar el material que todavía puede ser usado y que suma el 97%.
El residuo nuclear que queda como consecuencia de este proceso (el 3%) es vaciado en unos embalajes especiales y tratados bajo el proceso denominado vitrificación. Esto consiste en separar el residuo del combustible, el cual es altamente radiactivo, y transformarlo en una estructura sólida de vidrio.
En Europa existen dos plantas de reprocesamiento de este material, una operada por COGEMA en La Hague y la otra en Sellafield, Inglaterra, manejada por la BNFL.
Los desechos producidos por estas plantas, considerados como "material peligroso", es el que transita por el Canal desde Europa hacia Japón, país que tiene la obligación de guardarlos en forma segura.
En Japón, estos residuos son almacenados en la localidad de Rokkasho-Mura por un periodo de entre 30 y 50 años, antes de ser transferidos a un depósito final.
Cada travesía de un buque de la PNTL desde Europa hasta Japón, pasando por Panamá, dura entre seis y ocho semanas.
Este material es transportado cumpliendo con el exigente código de seguridad CNI y además se utiliza el sistema llamado "Seguridad a profundidad", que establece barreras independientes entre el material radiactivo y el medio ambiente.
Este sistema abarca el residuo vitrificado sólido, el recipiente de acero inoxidable que contiene los desechos nucleares, el embalaje especial que lleva los recipientes y la protección que tienen los buques con sus dobles cascos reforzados.
En caso de que este material cayera al agua, el mismo se mantendría sólido y no se dispersaría en el medio ambiente, como aseguran los ambientalistas. Estos residuos no tienen características explosivas.
El Organismo de Ciencia y Tecnología de Japón determinó que en caso de que este material cayera al lecho marino por un largo periodo de tiempo, "la máxima exposición al público podría ser mil veces menor que los niveles de radiación encontrada en el ambiente natural".
Esto entra en contraposición con lo que dicen los ambientalistas de que si alguno de estos barcos sufre un accidente en el Canal de Panamá y su carga cae al lago Gatún, además de afectar el medio ambiente por muchos años, envenenaría el agua que usa la ciudad de Panamá.
No obstante, la BNFL tiene un fondo para indemnizar a cualquier persona que resulte afectada por un accidente relacionado con esta carga, la cual sería tramitada en base a lo que establece la Convención de Viena sobre este particular.
A bordo de los barcos de la PNTL hay una sala de salud que monitorea diariamente los porcentajes de radiación existentes en el aire de la nave y el personal, y de acuerdo con la empresa, nunca se han registrado casos de intoxicación de la tripulación.
La empresa sostiene que el Ministerio de Transporte del Reino Unido audita sus barcos y los resultados de estas gestiones son públicas, incluso para los ambientalistas.