Imagínese que usted vive en el piso 56 de un edificio de Paitilla, inicia un incendio en el piso 42. ¿Cómo haría usted para desalojar la estructura, si esta no cuenta con escaleras de emergencia, extintores y menos con rociadores automáticos?
La altura de los rascacielos ha suscitado inquietudes que podrían tener importantes implicaciones para la construcción de edificios y mega estructuras creadas por el hombre.
Mientras que la ciudad de Panamá se dirige a la construcción de rascacielos hay aspectos que no se han tomado en cuenta, ya que no contamos con una ley que regule estas construcciones y menos con los mecanismos para enfrentar un incendio en los nuevos edificios altos.
El Cuerpo de Bomberos de Panamá hoy se está enfrentado a alturas excepcionales, por lo que requieren con urgencia que los residentes y urbanistas trabajen en conjunto en la prevención de siniestros en las grandes alturas.
De acuerdo con el ingeniero y miembro de la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA), Donato Pierro, los bomberos de Panamá no cuentan ni con la cuarta parte del personal, ni con los implementos para enfrentar un gran incendio en las alturas, sin contar que al llegar al piso donde ocurre el siniestro los "camisas rojas" llegarán cansados con deseos de hidratarse.
Hay que ser realistas con está situación, ya que en ninguna parte del mundo los bomberos están en capacidad de enfrentar un incendio en las grandes alturas.
Según Pierro, la clave en los edificios altos debe ser la accesibilidad que estos ofrezcan a los bomberos, así como para evacuar a las personas.
Mientras que para el arquitecto e ingeniero Martín Isaac- Donderis se tienen que establecer normas referentes a los sistemas básicos contra incendios, censores de circulación vertical, varias escaleras para evacuación, ascensores aislados, piso de control en donde se reagrupen las personas y en donde los camisas rojas puedan ubicar su equipo.
Frente a este ardiente panorama en Panamá se debe analizar correctamente qué queremos y hacía dónde se dirige nuestra ciudad, ya que contar con edificios altos es un símbolo de poder, pero también es un arma de doble filo en donde los más afectados son las personas que residen o laborar en estas estructuras.
Para los profesionales de ingeniería y arquitectura cada día se harán más "monstruos de las alturas", mientras que para los camisas rojas de la Oficina de Seguridad del Cuerpo de Bomberos de Panamá son monstruos pasivos que pueden ocasionar en los próximos años serios problemas.
El teniente Eduardo Small, de la Oficina de Seguridad del Cuerpo de Bomberos, manifestó que un siniestro en un edificio de más de 50 pisos es un gran reto y debido a ello sus residentes deben estar preparados para confrontar la situación.
Las personas deben tener por lo menos un plan de evacuación que se aplique mediante simulacros, una brigada de primeros auxilios y de extinción.
Un aspecto muy importante con que deben contar los edificios altos es con rociadores automáticos, los que se activan con el calor y pueden controlar el incendio en un 82%, según el ingeniero Pierro.
Sin embargo, los camisas rojas plantean que los principales problemas que pueden confrontar al suscitarse un incendio son la falta de rociadores automáticos, la enorme altura de los edificios, ya que entre su equipo no tienen escaleras para llegar a más de 50 pisos, faltan escaleras de emergencia y muchas veces los sistemas de alarmas dejan de funcionar.
Otro aspecto es que si el calor afecta la estructura metálica del edificio, también podría deformarla y venirse abajo.
Gigantes que arden como papel
Cada día se construyen más edificios altos en Panamá. Hasta la fecha hay más de 200 estructuras. Esta situación preocupa a las autoridades y a los profesionales de ingeniería y arquitectura, ya que al construir más "monstruos de las alturas", los "camisas rojas" saben que no cuentan con las herramientas necesarias para combatir un siniestro. No obstante, están alertas, ya que son monstruos pasivos que pueden ocasionar en los próximos años serios problemas.