Según informes de organismos internacionales para la libertad de expresión y defensa del periodista, durante el pasado año 37 profesionales fueron asesinados, mientras que a otros 80 le fueron giradas medidas de arresto por parte de gobiernos que censuraron el derecho a informar.
La información que se desprende de un informe de la Secretaria de Estado para la Diplomacia y Asuntos Públicos, Evelyn S. Lieberman, expresa que los periodistas asesinados o encarcelados son el ejemplo más radical del intento de silenciar la prensa, pero hay otros casos en 119 países donde las prácticas represivas tales como los procedimientos injustos para otorgar licencias, las amenazas sutiles o las presiones económicas, ponen en riesgo la profesión.
Esta delicada situación, contrario a lo que se piensa, está empeorando, y ha hecho que el periodismo se convierta en una profesión con grandes niveles de riesgo, donde todo aquel que la practica no está exento por un impacto de bala en la cabeza, y no precisamente en un campo de batalla, sino en su propio auto o residencia, propinado por individuos o sistemas de gobierno insatisfechos por sus escritos.
Según Lieberman, las restricciones legales, presiones económicas, la censura y supervisión gubernamental, además de las regulaciones inadecuadas que establecen algunos Estados, han minado en gran manera la libertad de prensa.
Agrega que en el continente americano, especialmente en los países latinoamericanos, la apertura a los procesos democráticos parece no haber llegado al ejercicio de la profesión periodística, donde en muchos casos el Estado se convierte en el mayor represor de la libertad de expresión.
Son múltiples los procesos judiciales que se han abierto a periodistas cuyos trabajos afectan de una u otra forma las ejecuciones dudosas del gobierno o de personas de alta jerarquía en el aparato gubernamental.
A juicio de la funcionaria estadounidense, no está demás hablar del conjunto de leyes que bajo el amparo de la regulación del periodismo, resultan la mejor herramienta de los gobierno que las utilizan para censurar a los medios que en el ejercicio de sus funciones ponen en riesgos sus intereses.
Lo señalado por Lieberman coincide con la situación que se ha registrado y se registra en países como Argentina, Panamá, Venezuela, Perú, entre otros, donde las normas que regulan el ejercicio de la profesión periodística ha sido utilizadas contra los mismos miembros de la prensa que en su momento publicaron delicados trabajos que en nada beneficiaban a los respectivos gobiernos.
En tanto, la funcionaria agrega que este tipo de represión inhibe el desarrollo y también la democracia, porque es conocido el aporte de una prensa libre en el progreso económico y social de cualquier sociedad.
Expresa que la represión que viven los periodistas no es ejercida únicamente por los gobiernos, esta intimidación también ha surgido por parte de grupos o individuos armados que no están sin afiliación a gobierno alguno, con la única intención de amedrentar y restringir el flujo libre de información.
Estos grupos buscan también inhibir el derecho del público de estar enterado, limitando el diálogo abierto que sirve de apoyo a cualquier sociedad democrática.
Esta situación la vive la vecina nación Colombia, donde todos los años son cientos los periodistas secuestrados y asesinados, lo que convierte a este país en uno de los más peligrosos del mundo para la profesión periodística.
En este país el periodista es asesinado por escribir en contra del gobierno, de los paramilitares, de la guerrilla y de los narcotraficantes, grupos con intereses muy bien creados y que deben resguardar.
La situación del otro lado del mundo no es nada favorable, siendo China el principal carcelero de periodistas en todo el mundo, le siguen Turquía, Irán y Serbia.
Algunas naciones se han organizado a fin de promover el derecho a la libertad de prensa como un derecho natural del hombre, junta a la libertad o la igualdad, tal es el caso de los Estados Unidos, que trabaja conjuntamente con otros gobiernos, organismos no gubernamentales e instituciones internacionales como el Banco Mundial, a fin de promover la libertad de prensa.
Estos países y organismos trabajan alentando leyes que protejan a los medios de información, al pronunciarse contra las violaciones de los medios libres, y al capacitar a periodistas que informen de manera profesional y responsable.
En Panamá se avanza con la derogación de leyes que constituyen una amenaza contra la libertad de expresión, pero la labor no progresará lo suficiente mientras no exista un compromiso real de los gobernantes, la sociedad civil y los medios de prensa, en darle la relevancia que merece un principio básico como lo es la libertad de expresión.