Era la responsable de la liturgia en los 3 diferentes momentos: en Albrook, en el Estadio Revolución y en la Catedral Metropolitana.
Al terminar la misa, monseñor McGrath la presentó al Santo Padre y este la bendijo, puso en su mano un recordatorio de un rosario. “La experiencia de gozo fue mayor que el cansancio”, dijo la hermana Margarita.
Compartió que la seguridad era extrema, al punto que las hojas con las canciones las dejaron la noche anterior debajo de la tarima y al buscarlas aquella mañana no pudieron recuperarlas. Se quedaron miles de boletas con las canciones sin repartir.