La hambruna reina entre las comunidades indígenas de la etnia Ngöbe Buglé que mora en medio de la ribera del río Sixaola y la cordillera de Talamanca, Bocas del Toro, luego que la crecida del afluente los dejara sin lo que tenían.
"Estamos viviendo como perros carroñeros, no tenemos nada, nuestros hijos tienen malaria y tenemos hambre", son las palabras de Ernesto Castillo, uno de los 159 nativos bocatoreños afectados por las crecidas, y que viven en 14 de Abril sector 4.
Este grupo lo perdió todo. Sus viviendas, sembradíos, ropa, acceso al agua.
Cuenta Ernesto, de 49 años, que desde hace siete días no saben lo que es un plato de arroz y una taza de café. "Nuestros pequeños tampoco están tomando leche, a veces les damos crema y creemos que algunos padecen de malaria".
Increíblemente el lugar de estancia de este hombre, junto a sus demás vecinos es un rancho sostenido con cuatro troncos de árbol y un techo de pencas y hojas, debido a que perdieron sus casas durante la inundación.
En una esquina de la estructura armaron hace una semana un improvisado fogón, que casi nunca utilizan porque no tienen alimentos. En medio del lugar la escena era dramática. Algunos pequeños tocaban el fondo de una vieja paila que contenía la zurrapa de una crema y llevaban sus dedos a la boca, con el fin de saciar su hambre.