De agricultor a vendedor de agua de pipa, así lleva a penas unos cuantos días en este trabajo, Harmodio Cansari, quien se ubica, casi siempre, a un extremo de la entrada del parque recreativo Omar Torrijos, mientras gran cantidad de personas pasan a su alrededor efectuando su rutina matinal de ejercicios.
El vendedor es originario de la provincia mestiza de Darién, y residió por largo tiempo en la comunidad de Mamení, corregimiento de Tucutí, y ahora ha incursionado en una nueva modalidad que ha empezado a competir con los ya tradicionales vendedores de raspados.
"Tengo que reconocer que me va mejor que cuando residía en Darién -aclara Cansari, mientras sostiene una pipa-. Cuando yo era agricultor me iba mal con eso de la "sicoteca negra", una plaga que no deja crecer los siembros y los mata.
Mientras practicó la agricultura de subsistencia, algo que es común en ese lugar, sus cultivos eran invadidos por esta insistente enfermedad, llevando al desconcierto plantaciones enteras de plátanos, ñames y maíz que, con mucho esfuerzo, plantaba para lograr el sustento de sus siete hijos.
Esto lo obligó a viajar a la ciudad y tratar de conseguir un empleo. Alguno de sus hijos, los más pequeños y que son cuatro en total, aun permanecen en la escuela Vasco Núñez de Balboa, afincada en su pueblo, donde completan el ciclo de estudios primarios junto a su mamá.
"Con este empleo puedo enviarles dinero para que sigan estudiando. Sin embargo, quiero permanecer en la ciudad uno dos años más y nuevamente volver allá para estar con todos mis hijos reunidos", dice él.
Cansari es relativamente nuevo en la ciudad, únicamente tiene siete meses de haber llegado y todo a su alrededor le parece nuevo e interesante. Especialmente, la pasada actividad para colectar fondos para los niños con cáncer. "Hay ocasiones en que, como ahora, hay mucho movimiento de personas haciendo ejercicios, después de terminar, vienen y compran agua y la venta se equilibra con los que vende raspados. También hay ocasiones en que no se vende casi nada", advierte el vendedor.
Lo más curioso es todo el proceso que se emplea para extraer el agua del endurecido exterior. A base de fuerza manual, un largo clavo (si así podemos definirlo) atraviesa la pipa hasta alcanzar el contenido líquido, para luego ser vertido por él en un "cooler", donde es enfriado y luego vaciado en una botella plástica.
El resto del producto es desechado en la basura y, las pipas que aun no se han abierto, permanecen guardadas en una enorme caja de hierro, donde es cerrada bajo llave. Un cliente, que no quiso ser identificado, y que se encontraba en medio de la entrevista, dijo que compraba el agua de pipa porque lo consideraba sano y nutritivo, en comparación con otros productos para calmar la sed.