Alvaro Menéndez Franco, pertenece a los segundos. Es un apasionado de la historia, "sólo me falta el título". Conoce al dedillo cada episodio de las luchas panameñas y por añadidura, él fue parte de éstas.
El 9 de enero de 1964 decidió no quedarse a escuchar las noticias de lo que estaba pasando luego de que varios estudiantes, algunos sus amigos, como contó a Panamá América, intentaran hacer valer su bandera frente a los norteamericanos que residían en la Zona del Canal.
Se unió a las protestas en las que hubo 22 muertos y más de 500 heridos de balas y gases lacrimógenos. Otro grupo de personas, "también mártires", dice Menéndez Franco, no son parte de los anales históricos a pesar de que murieron años después a consecuencia de las heridas.
Aquel día se exigía respeto para nuestro símbolo tricolor. Los jóvenes del Instituto Nacional pretendían verlo ondear libremente .
Sucede que si bien Panamá había puesto el territorio y Estados Unidos la administración y la defensa del Canal Interoceánico, el derecho mínimo, sostiene Menéndez Franco, "era izar la bandera panameña a la par de la norteamericana" y así constaba en un acuerdo firmado por el asesinado mandatario John F. Kennedy y el presidente panameño Roberto Chiari, en 1963.
Estudiantes y padres de familia del país norteño se opusieron radicalmente a lo pactado. La disputa era tal que el gobernador de la zona, tres días antes del 9 de enero, ordenó serruchar varias astas para que no se izara el emblema nacional al lado de el de Estados Unidos.
Fue entonces cuando los institutores marcharon pacíficamente a la Escuela de Balboa para exigir el cumplimiento del acuerdo y se encontraron con la hostilidad de los zoneítas. Lo demás es historia: días de enfrentamientos y muertes, precedieron estos hechos.
Precisamente Menéndez Franco fue uno de esos que arriesgó su vida, al punto que un "mártir", como nos dijo, le cayó encima y lo protegió de las ráfagas de balas que llovían por doquier.
El sabe de luchas. Fue secretario de la Federación de Estudiantes de Panamá y presidente de la Unión de Estudiantes Secundarios; sin embargo, no olvida que "aquellos tiempos eran diferentes".
La diferencia radicaba en la forma de protestar, así lo explica el filósofo y periodista. "Agotábamos todos los mecanismos de diálogo con las autoridades antes de ir a la calle", dice.
Eso no pasa hoy, reconoce con evidente preocupación. Los muchachos de antes "nos sentábamos de tú a tú con un presidente, un ministro, un diputado o el gobernador para plantear nuestros problemas".
A su juicio, se han invertido los factores. La calle es el primer recurso al que apelan los líderes de nuestros tiempos.
Abdiel De León es periodista y perteneció al movimiento estudiantil FER 29, él difiere con su colega.
Hace unos años este joven vivió en carne propia el dolor físico por sus reclamaciones sociales. En medio de una protesta un disparo le arrancó su dedo pulgar.
En sus propias palabras: "Hay que seguir con las protestas sin importar la forma y los efectos. Las protestas, como quiera que se den, deben durar hasta que haya verdadera justicia social".
Menéndez Franco tiene mucho que decirle a De León y a quienes lo secundan. Aún no ha tenido la oportunidad de reunirse personalmente con esta nueva generación de líderes porque según él, lo consideran "viejo y obsoleto", pero lo cierto es que sus "métodos actuales de lucha provocan la antipatía del pueblo".
Para 1964 la deuda pública llegaba a los 82 millones de dólares, 30 de los cuales correspondían a la deuda interna.
El déficit de 1959 superó los 8 millones y para agosto de 1960, era de 5 millones.
Los sucesos del 9, 10 y 11 de enero de 1964 marcaron un hito en las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos y condensaron todas las luchas nacionalistas por alcanzar la plena soberanía sobre el territorio nacional.