"Evidentemente hay una preocupación sobre el tema de seguridad personal y el incremento de homicidios en las últimas semanas, sobre todo, la crueldad con que se cometen éstos", añadió.
Consideró que garantizar la seguridad ciudadana es un tema difícil, pero hay que hacerla más eficiente porque no sólo se trata de monseñor Jorge Altafulla, sino de otras personas que han sido víctimas de hechos similares. "Hay que ver cómo nos sentamos todos a buscar una solución, se necesita incrementar las medidas de seguridad", sustentó.
Por su parte, el presidente de la Asamblea Legislativa, Rubén Arosemena, lamentó el asesinato de monseñor Jorge Altafulla, suscitado el pasado domingo minutos antes de que celebrara la misa de Pentecostés y argumentó que ya la situación en el país ha llegado a niveles "intolerables".
Explicó que es un hecho que se lamenta en "doble vía" porque se trata de un representante de la Iglesia Católica, lo que demuestra los niveles en donde ha caído la ciudadanía.
En tanto, el presidente de la Coordinadora Popular de los Derechos Humanos de Panamá (COPODEHUPA), padre Conrado Sanjur, calificó el asesinato como "algo inhumano", que no tiene precedente en el país.
"Se trataba de una persona tan balanceada y responsable de su trabajo, muy servicial en la iglesia de Guadalupe, muy dedicado a su parroquia y a la Iglesia desde los tiempos de monseñor McGrath", precisó.
Planteó que era un consultor de varios temas que manejaba la Arquidiócesis de Panamá y ahora el problema de violencia ha llegado a la jerarquía de la Iglesia Católica.
"Esto significa que la Iglesia se ha instalado a todos los niveles porque hay que recordar que crímenes tan brutales como éste han ocurrido en otras personas de diversos estratos sociales", apuntó.
Hizo un llamado para que se rescaten los valores humanos, sobre todo promover la unidad familiar porque hay un entorno social lamentable. "No tengo conocimientos de que haya recibido amenazas, era un hombre muy parco, reservado, pero cuando le correspondía hablar era abundante", enfatizó.
La última vez que tuvimos la oportunidad de escucharlo fue el pasado jueves cuando el obispo nos convocó a todos los párrocos a una jornada de reflexión y allí recordó Sanjur, el tema central de motivación estuvo a cargo de monseñor Jorge Altafulla, donde abogó por la necesidad de vivir el compromiso bautismal y cristiano.
"Que los sacerdotes y cristianos nos hagamos presentes para transformar la sociedad y habló del Pentecostés que es el espíritu de Dios que nos trae fuerza y sabiduría que se celebró ayer (domingo)", expresó.
Afirmó que las autoridades deben garantizar los derechos humanos, especialmente el derecho a la seguridad y a la vida, porque estos hechos demuestran la debilidad que existe en esta materia.
Su trabajo era encaminado a la evangelización, a que las diferentes pastorales se dedicaran de lleno a anunciar el evangelio. No tenía preferencias por ninguna pastoral en especial.
Coincidió también en señalar que el padre Jorge era muy puntual y les pedía a quienes trabajaban con él que lo fueran, aunque siempre estaba dispuesto al diálogo.
En cuanto a las confesiones, en la Iglesia Nuestra Señora de Guadalupe no hay horarios de confesiones, si alguien llegaba y el padre podía en ese momento se le confesaba. ¿La razón? Según Charpentier, "más alegría causa uno que se convierta, que mil que están presentes", y el padre Jorge era muy consciente de ello, de allí que tal vez no se haya negado a confesar a quien posteriormente lo asesinó.
El padre Altafulla oficiaba una misa todos los días en la Iglesia Nuestra Señora de Guadalupe, a excepción de los lunes, según señaló Charpentier. Antes de fallecer, el padre ofreció una misa el sábado a las 9:00 de la noche, cuando se celebraba la vigilia de Pentecostés. En su homilía, recuerda el entrevistado, pidió más apoyo a los grupos de pastoral que son muy necesarios para la evangelización. "Recuerdo la sonrisa en su cara diciendo: yo sé que es difícil", dijo.
"Así como Jesús partió físicamente de este mundo y dejó a sus discípulos, tal como el padre Altafulla lo indicó en su homilía del domingo pasado, muchas veces es necesario que la semilla muera para darle paso a los frutos", sostiene el joven. Al momento de su muerte, monseñor Altafulla tenía 65 años.
Jorge Isaac Altafulla Muñoz
Nació en Panamá el 1 de noviembre de 1936.
Seminario Menor: San José de la Montaña (El Salvador).
San José (Panamá) Seminario Mayor: Seminario Universitario, San Pablo-Ottawa, Canadá.
3 años de Filosofía - Licenciatura en Filosofía
4 años de Teología - Licenciatura en Teología
Especialización: Liturgia-Pastoral-Catequesis, en la Abadía de San Andrés, Brujas, Bélgica y en el Instituto Católico de París.
Fue ordenado sacerdote en Panamá el 25 de junio de 1961.
Perteneció al grupo de consultores desde hace más de 25 años.
Fue párroco: Iglesia San Miguel, Santísima Trinidad Nuestra Señora de Guadalupe, Cristo Redentor (1984-1995)
Fue nombrado Rector del Seminario Mayor San José de Panamá desde 1995 a 1998.
Nuestra Señora de Guadalupe (desde el 19 de julio de 1998, hasta su muerte, este domingo 19 de mayo).
En 1990, su Santidad Juan Pablo II lo distinguió con el título de "Prelado de Honor", concedido a sacerdotes que se desempeñan en ciertos cargos directivos de la Iglesia y que se destacan por sus méritos.
Vicario Episcopal de la ciudad de Panamá y Vicario de Oriente de 1983-1993.
Profesor en la Universidad Santa María La Antigua (USMA) y en el Seminario Mayor San José.
Miembro de la Comisión de Reflexión Teológica de la Conferencia Episcopal.
Asesor de la Comisión Arquidiocesana de Liturgia.
Miembro del Consejo Presbiterial.
Asesor Espiritual del Movimiento Neocatecumenal.
Miembro del Comité Ecuménico de Panamá.
Secretario de la Comisión de Ecumenismo de la Conferencia Episcopal.