En la Cuenca Hidrográfica del Canal de Panamá se registra un problema crítico sobre los recursos naturales, si se toma en cuenta la necesidad de proteger las fuentes que surten de agua la ruta transístmica y a los habitantes de la zona.
El agua dulce es un recurso escaso a nivel mundial, pues se estima en un 1%. En el caso del canal, las principales fuentes que proveen agua son los lagos, alimentados a su vez por ríos.
La importancia de la cuenca ha sido resaltada por los especialistas cuando señalan que aunque disponga de todos los recursos financieros para operar, un canal de esclusas pierde su valor si no cuenta con el recurso básico para operar.
Un barco consume unos 52 millones de galones de agua para poder hacer una travesía por la ruta transístmica, lo que equivale a decir que cuatro barcos que transiten usan el agua que podría servir para abastecer a una ciudad, según los datos existentes.
La importancia de conservar la cuenca ha reunido a múltiples organizaciones, las que cooperan para este fin.
Lo que acontece en la cuenca es un asunto de extrema delicadeza, afirma Reynaldo Pérez-Guardia, representante en Panamá del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA)
El experto explica que todos los proyectos que se planifican para la zona, la que se extiende desde Colón hasta parte de La Chorrera, en la provincia de Panamá, deben tomar en cuenta que la cuenca es una zona frágil que estaría sometida a una situación nueva.
Además de surtir agua para consumo humano y para el canal, en esta zona existe una diversidad de plantas y animales que necesitan el líquido para poder vivir.
Pérez-Guardia afirma que las actividades agrícolas y ganaderas que se desarrollan en el área ponen en peligro la existencia de la cuenca.
Afirma que como esta acción la ejerce el hombre, adquiere vital importancia el trabajo de concienciación y orientación a las poblaciones asentadas sobre la cuenca.
El representante de IICA indica que esta tarea no es fácil cuando los pobladores obtienen su sustento diario precisamente de tales actividades, por lo que hay que darle otras opciones económicas.
Una de las opciones que propone Pérez-Guardia es la "transferencia del poder a las comunidades" o descentralización para desarrollar proyectos de autogestión que sean sustentables o compatibles con la conservación de los recursos naturales.
Indica que en esta tarea de buscar opciones deben participar incluso los usuarios del canal, pues afirma que éste no es un problema sólo de Panamá.
Explica que el IICA ofrece sus experiencias en manejo de agua, las que han tenido éxito en países como Brasil y Argentina.
Destaca que en estas tareas es importante el acceso a información para adelantar las ventajas al momento de atacar el problema.
Admite que en el caso de Panamá, la del canal es una cuenca "interesante y complicada" por las múltiples actividades que se desarrollan dentro de ella.
Destaca el hecho de que ya en el país existen organizaciones que tienen programas especiales para los pobladores de la cuenca, que funcionan como un fideicomiso para proyectos que incluyen fuertes componentes de sustentabilidad, los que logran conciliar las necesidades económicas con el trabajo que se realice.
Sobre el tema de la conservación de la cuenca admitió que no se trata de sacar a los ciudadanos del área, sino convertirlos en actores de la conservación.
Otra de las soluciones que propone es ofrecer proyectos de reconversión forestal a quienes se dedican a la ganadería, o que el Estado compre las tierras para tales propósitos.
Pérez-Guardia afirma que la educación y el constante diálogo son dos de los elementos claves para seguir "dándole vida" a la zona que surte el elemento básico al principal recurso económico del país.