En la atmósfera política panameña gravita un "temor dictatorial" porque se advierte un miedo evidente de expresar y hacer lo que siente que es correcto, dijo el legislador oficialista Wigberto Quintero, quien solitariamente se presentó ayer a las desoladas inmediaciones de la Asamblea Legislativa en ocasión del segundo periodo de la cuarta legislatura del actual quinquenio.
Quintero, miembro del Movimiento Liberal Republicano Nacionalista (MOLIRENA), fue uno de los legisladores que firmó la resolución que autorizaba la instalación del segundo período de sesiones en la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena en Santiago de Veraguas, sin embargo, luego se retractó de la rúbrica por considerar que era un acto inconstitucional.
Aseguró que muchos de sus colegas del oficialismo estaban en contra de la medida adoptada por la directiva de la Asamblea Legislativa, pero por temor decidieron viajar hasta Santiago a participar en la sesión de instalación.
El quorum para realizar la sesión en Santiago, se logró a duras penas con unos 40 legisladores, entre los que figuraron al menos diez parlamentarios del opositor Partido Revolucionario Democrático (PRD), quienes quedaron en libertad de asistir o no.
Quintero insistió en que la decisión viola el artículo 143 de nuestra carta máxima que establece que la Asamblea Legislativa se reúne por derecho propio en la "ciudad capital" y reclamó que los políticos panameños no están claros de lo que significa respetar el estado de derecho.
En un Palacio Justo Arosemena solitario, se demostró que una "sola golondrina no hace verano" pues no hubo apoyo concreto de otros parlamentarios a la protesta de Quintero, quien cumplió con lo prometido de asistir como todos los 1 de marzo, a sesión inaugural de la Asamblea Legislativa.
El entusiasmo que se despertó en la capital fue mayúsculo. Todos los gremios, círculos y todas las colonias extranjeras, principalmente la española y la italiana, se entregaron con fruición al vasallaje de la preciosa doncella, rindiendo cumplido a Momo.
Aquéllos fueron unos carnavales regios, magníficos. Calles, balcones y plazas estaban decorados con arte y gusto y el desfile de carrozas alegóricas, de comparsas y mascaradas que se efectuó el martes a las cuatro de la tarde en la Avenida Central, fue un desborde de alegría, cultura y buen gusto que resistía ventajosamente la comparación con las fiestas análogas de Europa que tienen fama proverbial", así reseña Guillermo Colunje citado por Guillermo Andreve en la publicación "Breve Historia del Carnaval" .