Parque Real, en el corregimiento Omar Torrijos, es una de las nuevas barriadas de la ciudad capital, pero no escapa a la gran cantidad de herbazales. En un recorrido realizado Panamá América observó la gran cantidad de casas que están cubiertas por malezas.
Los moradores están asustados, pues temen ser víctima de las picaduras del Aedes aegypti o de las mordeduras de serpientes. Al igual que las casas, las paradas están rodeadas por hierbas.
Médicos, trabajadores sociales y legisladores la han visto bajar y subir escaleras tocando puertas en los ministerios como en los distintos gobiernos.
Su intención es buscar apoyo, un apoyo que quizás ninguno está dispuesto a ofrecerles. Poco ha sido lo atendido. Sin embargo, ella y su familia casi con las uñas sin esperar reconocimientos o beneficios personales todos los días asisten social y espiritualmente a los moradores. Su oficina, un maletín con expedientes, partidas de nacimiento y fotografías de las familias afectadas, son prueba de la confianza que la población ha depositado en esta luchadora mujer.
La pobreza tiene muchos rostros y numerosas dimensiones pero su afán está en la defensa de la niñez, y los discapacitados.
Frente a la preocupación de la cancelación del subsidio (B/. 540.00 cada tres meses) Panamá América visitó el comedor de la hermana Blanca Barría.
Hubo muchos rostros conocidos, Yorgelis Quirós Rodríguez con su ictiosis severa recordó nuestro encuentro en el Hospital del Niño igualmente Roberta García Martínez, de 8 años, paralítica de por vida.
Ese sábado algunas mamás con sus pequeños en sillas de ruedas solamente llevaron para sus hogares un paquete de crema, el resto llevó las manos vacías. Lágrimas y mínimas esperanzas rondaron en los rostros de estas mujeres.
Blasina Maldonado viuda y madre de un joven de 14 años con parálisis cerebral pide medicamentos y una silla de ruedas para su hijo.
Digna Chirú, mujer sorda y madre de 7 menores nos mostró su refugio. Tres tablas, un piso de tierra y un zinc alberga a José Luis de 7 años quien no ha podido asistir a la escuela y presenta inmovilidad en su brazo derecho, y al resto de sus hermanos quienes no conocen la decencia de una vivienda y la magia de la infancia.
La preocupación que viven los moradores frente a la medida de la Contraloría está tomando calor. Gabriela García explica que no se trata de un comedor sino de un centro espiritual y moral. "Señor Presidente, por qué nos han olvidado", preguntó. La idea de la infancia como un periodo en el que el niño recibe una protección que le permita crecer de forma sana ha perdido completamente su significado en el corregimiento de Torrijos Carter.
Compartir con los que nada o poco tienen ha sido el único propósito de la hermana Blanca.